dimarts, 19 de juliol de 2011

Pesadillas con cuerpo


La vida se convirtió en algo parecido a una pesadilla hace ya mucho tiempo. O quizá siempre lo fue. La intensidad de los días, el fulgor de la existencia se fue apagando de manera progresiva y sin remedio. Las sensaciones se fueron diluyendo, las percepciones, desgastando y difuminando por una inquietud las más de las veces sin razón. Nació, no se sabe por qué ni cómo, un sufrimiento difícil de describir con palabras. Se apoderó de todo. No se trata de que uno desee morir, más bien se quiere descansar para no sufrir más, reposar de una angustia estéril pero corrosiva en extremo que no se puede controlar. Más que sentir placer o ser más o menos dichoso, uno necesita un poco de serenidad. Solo eso. La renuncia a los placeres de la vida, uno casi no recuerda cuando le fue invadiendo y atenazando ese estado, ese sopor persistente, mórbido. Y lo que es peor: No saber si se nació con el problema, si el problema se fue adueñando de uno con el paso de los años y las experiencias acumuladas, o si en realidad el problema es estar vivo y no sentirse vivo. Esta existencia ahogada y desdibujada en un sinsentido profundo, permanente e invalidante convierte a uno en poco menos que un cuerpo sufriente con una cabeza enquistada en un torbellino de discursos que solo conducen a un bucle de sinsentido. Cada día es igual de gris o doloroso. No poder expresar el malestar extremo que uno siente porque su intensidad bloquea el verbo, la expresión, no alcanzan las palabras, ya no expresan nada. El desgaste psicológico que se siente es tan abrumador que es preferible dormir y no despertar nunca más. La energía pasa de ser torrencial a nimia, depende de las circunstancias, la cuestión es que gastarla nunca conduce a ningún fin. Uno se debilita por y para nada. Parece que se han recorrido kilómetros y el cuerpo no se ha movido de la silla, eso bien lo sabe el tormento que ahoga la cabeza. Vivir sin vivir, sufrir más allá de sufrir. Un paroxismo de los sentidos, una hipersensibilidad insoportable y paralizadora se apodera de uno. La vida ya no es vida: es una no-vida disfrazada de vida. Una caricatura de vida. A ese cúmulo de sensaciones psicológicas y corpóreas de angustia incomprensible uno las llama pesadillas con cuerpo, el enclave físico y metafísico donde anida el no sentirse vivo pese a estarlo. Una zozobra andante, un organismo atestado de dolores y frustraciones, que aúlla en un desierto de interminable malestar. Ese ser es el que yace aquí, ahora.


NADA, pincha aquí:
ALTAZOR, Vicente Huidobro (Canto I):

2 comentaris:

Dr.Krapp ha dit...

Date una tregua. Permítete el lujo de no pensar, de no calibrar, de no medir, de no valorar. Manda a paseo las necesidades del cerebro.
Quizás lo consigas.
Si es así, avísame.

pesadillas con cuerpo ha dit...

Dr.Krapp: Difícil lo veo, pero pensaré en ello.