dimarts, 12 d’abril del 2011

Homicidio


Una angustia indescriptible me atenaza en estos momentos. Un miedo irracional a matar a mi marido invade mis pensamientos:  creo que no lo podré evitar. No hay motivo alguno para hacerlo y por eso siento que debo hacerlo (algo más fuerte que la razón me impulsa). Un tremendo ahogo aprieta mi cuello; unas garras invisibles me asfixian. Los pensamientos que circulan por mi mente son espeluznantes y me paralizan. Fantaseo con la idea de asestar reiteradas puñaladas hacia la persona que más quiero, mi marido, lo que me provoca una espantosa sensación de pérdida del juicio. Lo amo tanto... pero una bestia muy poderosa se ha instalado en mi cabeza. La angustia va invadiendo progresivamente todo mi ser hasta sumirlo en un estado febril de excitante maldad carente de sentido. Esa pulsión irresistible e irracional me arrastra. Intentaría acabar con mi vida, pero soy muy cobarde. Mi cerebro va a una velocidad endiablada. Las ideas delirantes de asesinato y las ideaciones sobre el entierro de mi marido, con su familia en el velatorio y desgarrada de dolor, me hacen pensar que estoy enloqueciendo. Nada me puede parar, el impulso irrefrenable es casi físico. Quizá debería esperar a que tales ideas pasaran y a que el agotamiento mental hiciera bajar la intensidad sobrecogedora de estos pensamientos asesinos. Hay que detener el pensamiento en estas situaciones -supongo-, pero este circula como una avalancha ingobernable. Esta oleada de ideas homicidas hacia el ser que más quiero me resulta insoportable. La angustia se ceba sobre mi mente y me nubla. Es una locura pero estoy en ella sumergida. El destino está escrito. No puedo cambiar las fantasias asesinas que invaden mi mente. El sudor es tremendo y los temblores, cada vez más intensos. Empiezo a golpear brutalmente una pared, los nudillos me sangran con abundancia, pero no me duelen. En otras circunstancias, mis delicadas manos me hubieran ocasionado un intenso dolor. Quiero despertar ya de esta maldita pesadilla.

De repente, oigo como una llave se mete por la cerradura de la puerta. ¡Es él! Entra. Le miro. Me acerco y le beso como de costumbre. Cuando veo su espalda mientras se dirige hacia el comedor, las ideas asesinas circulan desbocadas por mi mente. No hay solución. Ante esa angustia indescriptible, intento hablar con mi marido. Le empiezo a explicar lo que me pasa por la cabeza y que tengo miedo de matarle. Al principio se asusta, pero luego intenta tranquilizarme. Me dice que él ocasionalmente también tiene ideas parecidas hacia mí, pero que nunca me lo había contado. Eso calma un poco mi malestar, aunque si he de decir la verdad, el desasosiego invade todo mi ser. ¿Estoy loca? ¿Está loco? Es una pesadilla real... Sin tiempo para la reflexión, noto un pinchazo y, a continuación, un dolor intenso; luego veo que algo está clavado en mi vientre. Levanto la cabeza y le veo a él: me acaba de asestar una puñalada con un objeto punzante, tal vez un cuchillo. Me mira con una cara inexpresiva, parece inhumano. Empiezo a debilitarme. Caigo al suelo malherida. Me desangro. Entonces noto cómo su mano me acaricia la cabeza para consolarme de mi dolor y yace a mi lado mirándome como a una desconocida.

dilluns, 11 d’abril del 2011

Presente


Aunque fueras a vivir tres mil años y, en otras vidas, diez mil, recuerda, sin embargo, que nadie pierde otra vida que la que está viviendo, ni vive otra vida que la que está perdiendo. Por tanto, van a parar a un mismo punto lo que es largo y lo que es corto. En efecto, el presente es igual para todos, y, por tanto, lo que se pierde también es igual, y lo que se deja atrás aparece como un simple instante. De hecho, nadie puede perder ni el pasado ni el futuro. Porque lo que no se tiene ¿cómo alguien nos lo podría quitar?

Así pues, ten siempre en cuenta estas dos cosas. En primer lugar, que todas las cosas, desde la eternidad, tienen un aspecto idéntico, que se repiten cíclicamente y que en nada difiere que uno las vea durante cien años, doscientos o un tiempo infinito. En segundo lugar, que el que ha vivido mucho tiempo y el que morirá más pronto tienen una pérdida idéntica. Y es que solo hay un presente del cual uno puede ser desposeído, porque este es el único que uno tiene, y nadie puede perder aquello que no posee.

Marco Aurelio:  Meditación n.14. Libro II (Meditaciones II).


[Marco Aurelio. Meditaciones: traducción/adaptación al castellano por Espectro X de la traducción catalana del original griego. Marc Aureli. Meditacions. n.14, Med. II. Llibres de l´Índex. Traducción al catalán de Joan Alberich. "Preferible" a la versión castellana de Alianza Editorial, de Bartolomé Segura Ramos (Clásicos de Grecia y Roma). La mejor traducción al español es la publicada en editorial Gredos (1983), de Ramón Bach Pellicer]

divendres, 8 d’abril del 2011

Tristan Murail - Désintégrations [espectralismo]



Solo es para escuchar (visualmente no tiene el menor interés). Esta pieza de Tristan Murail, perteneciente a su obra Désintégrations (para orquesta de cámara, 1983), usa la técnica espectralista mencionada en el anterior post (y que allí se aplicó por error). El Espectralismo es un género musical originado en Francia en la década de los sesenta alrededor de un grupo de compositores agrupados en torno al Ensemble l'Itinéraire (Gérard Grisey, Tristan Murail y Hughes Dufourt). La música espectral, en un sentido restrictivo, se basa principalmente en el descubrimiento de la naturaleza del timbre musical y en la descomposición espectral del sonido, en el origen de la percepción del timbre. 

dimarts, 5 d’abril del 2011

Tristan Murail - Vampyr!



Nota aclaratoria: Vampyr! es una pieza rara en el repertorio de guitarra eléctrica y una de las pocas piezas de Murail en que no usa la técnica espectral. El autor además recomienda que sea interpretada al modo de los guitarristas de tradición pop/rock.

dijous, 31 de març del 2011

Lo grotesco


Disfrutar del amargo sabor de lo desagradable es un placer de difícil comprensión. Acaso nadie o casi nadie ha reparado nunca en qué impulsa al deleite por lo repulsivo, lo aberrante y lo grotesco. Dado que la objetividad más allá del individuo no existe, se hace difícil establecer los límites y el alcance de las palabras, las sensaciones, las percepciones, etc. Partiendo de la base de que uno de los impulsos básicos e inherentes al ser humano es la comunicación, a veces hay que realizar un esfuerzo por intentar delimitar conceptos o ideas que puedan tener un mínimo consenso entre las mentes pensantes.

Grotesco. Esa es la palabra que le viene a uno a la cabeza en estos momentos. Si se considera el diccionario un artilugio útil -pese a que cuando uno busca qué significa una palabra el glosario de términos siempre le remitirá ad infinitum a otras palabras, es decir, a la pura confusión-, el de la Real Academia Española define grotesco [del italiano grottesco, derivado de grotta, gruta] como un adjetivo que hace referencia a lo ridículo y lo extravagante (empieza la confusión y la dispersión hacia otras palabras), a lo irregular, lo grosero y de mal gusto, y finalmente -derivado de grutesco [it. grottesco]- se refiere a "la gruta artificial". "Dicho propiamente de un adorno caprichoso que remeda lo tosco de la grutas, con menudas conchas o animales que en ellas se crían, más tarde con figuras de quimeras y follajes, de donde viene lo de extravagante y ridículo; imita los que se encontraron en las grutas, nombre con el que se conocen las ruinas de la Domus Aurea de Nerón, en Roma [aquí se ha introducido cierta información del Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana de Joan Corominas]". Definido el término se puede entrar en el océano de las interpretaciones.

Desde siempre, existe y ha existido el amor y la pasión por lo repugnante y lo nauseabundo, también por lo ridículo, lo extraño y lo excéntrico o raro (cabría definir aquí qué se entiende por cada palabra y cómo la entiende cada persona: es todo tan relativo...). El origen de esta fiebre por lo espantoso y monstruoso, así como por lo absurdo y demencial, se podría encontrar quizá en una cierta propensión a congraciarse con lo más temido: la muerte. La visita o el contacto morboso con lo que más escalofríos produce una y otra vez es posible que haga menos terrible asumir la propia mortalidad. Es como si uno se inmunizara de un virus de tanto estar en contacto con él, eso sí, sin infectarse. Se trata de regodearse en el tormento… pero sin mancharse (el sadomasoquismo y todas sus variantes -de un modo muy particular- podrían ser otro tipo de aproximación a lo mismo, pero hay que ir con mucha cautela y precisión al acercarse a este mundo).

En el fondo, hay en la pasión por lo grotesco y lo infame una pulsión tanatófila (a grandes rasgos, “amor o simpatía por la muerte”). Este disfrute ante lo nauseabundo siempre ha existido y existirá. Seguramente pueda abordarse el tema, con todas las reservas, desde el punto de vista psicoanalítico. Es posible que el miedo a mostrar afecto sea el desencadenante de esta atracción por lo grotesco. Se trataría de una desviación ante la imposibilidad de expresar sentimientos y emociones. Ese temor, espanto o parálisis que inhibe cualquier expresión emotiva o pasional estaría detrás de este amor por lo sucio, lo repulsivo, lo extravagante... De Eros (amor) a Tánatos (muerte). Pero aquí se estaría entrando ya en el terreno de la interpretación/especulación... De la que nunca se sale, por cierto. 

Se trataba solo de acercarse al concepto y la idea de "grotesco".

dimarts, 29 de març del 2011

Pesadilla


La vivaz impresión de realidad que ofrece el sueño es tan intensa a veces que resulta difícil, e incluso imposible, distinguirla de un hecho real. En la creencia de haber mantenido relaciones con el Diablo, los acusados suben al cadalso víctimas de su propia fantasía. El alma es una imagen humana sutil, inmaterial por su naturaleza, un vapor, una película o una sombra; es la causa de la vida y el pensamiento, es impalpable e invisible. Muchas personas ven siempre en la pesadilla un ataque sexual de parte de un demonio lúbrico. A la representación del deseo subyacente no le es permitido exhibirse en su forma verdadera: el sueño es una transacción entre el deseo y el intenso miedo proveniente de la inhibición. La sensación voluptuosa en sueños se haya casi siempre acompañada por un sentimiento desagradable. Cuando la noche ha aprisionado nuestra visión en su calabozo, el Diablo pide cuentas a nuestra conciencia. Cuando apoyamos la cabeza en el lecho lo hacemos sobre un nido de víboras. Por eso, los terrores de la noche son peores que los del día. La idea de que el coito puede ser realizado entre seres humanos y seres sobrenaturales está muy extendida en nuestro inconsciente. Los conventos, por ejemplo, se ven particularmente infectados por los íncubos, lúbricos demonios que visitan a las mujeres. Se establece entonces una relación a medio camino entre la atracción y la repulsión: la libido y el temor mórbido se confunden. A los hombres, por su parte, se les aparecen los súcubos. Estos seres repugnantes y demoníacos, que adquieren la forma de mujeres odiosas, abrazan al alucinado durmiente y lo sumen en un profundo horror. Imágenes repulsivas persiguen al hombre y lo obsesionan, sufriendo incluso alucinaciones genitales horrorosas. El tormento puede continuar al despertar y no cesar nunca. 

http://acuolenss.blogspot.com/2010/07/lo-invisible.html 

dimecres, 23 de març del 2011

Cesare Pavese - Fragmentos

Cuando se sufre, se cree que más allá de las esferas existe la felicidad; cuando NO se sufre, se sabe que ésta no existe, y se sufre entonces de sufrir porque no se sufre nada

La bondad que nace del cansancio de sufrir es un horror peor que el sufrimiento

Para no sufrir hay que convencerse de que todo es sufrimiento. [...] Para no sufrir hay que sufrir. Es decir: Hay que aceptar el sufrimiento


Tener un libidinoso gusto por el abatimiento, por el abandono, por la enervante dulzura, y una despiadada voluntad de disparo, explosiva y tiránica, es una promesa perenne y fecunda de vida interior  

Escoger nosotros mismos un mal es la única defensa contra este mal. Esto significa la aceptación del sufrimiento. No resignación, sino disparo. Digerir el mal golpe

No se desea disfrutar. Se desea experimentar la vanidad de un placer para no seguir obsesionados por él



[Fuente: Extraído de El oficio de vivir. El País.Traducido por Ángel Crespo. Clásicos del siglo XX, vol. 30. 2003.]

Nostalghia (Andrei Tarkovsky)


dijous, 17 de març del 2011

Cuando los sueños se hacen realidad

  Ese fin de semana K cogió, como de costumbre, un dvd de los muchos que almacenaba en su estantería. Tenía una auténtica colección de películas de gore, torture-porno, terror, serie Z y demás subgéneros de lo más variopinto. Acumulaba tantas películas que ni sabía cómo localizarlas. Esa era su gran afición. Bueno, también devorar grandes bolsas de palomitas ante su televisor panorámico "plasmático" cuando lograba localizar el enésimo filme de mutilación, tortura, zombies... Disfrutaba sobremanera cuando torturaban a las chicas que aparecían en las películas, les arrancaban los ojos, las violaban....  Y  mientras, K comía palomitas como un poseso y bebía cervezas sin cesar. La cuestión era disfrutar de la humilación,  la  tortura... Unas extrañas fantasías invadían su cabeza alienada y llena de frustración; por eso, gozaba ante el desfile de atrocidades que vomitaba su televisor. Era tan friki que ni se levantaba para ir al lavabo. Tenía un cubo donde hacía sus necesidades cuando se le llenaba la barriga. Cosa, por otra parte, muy habitual, puesto que tomaba una lata de cerveza tras otra. Así pasaba el rato los dos días del fin de semana. Un pobre diablo, sin duda. Pero un día, llamaron a la puerta. Era tarde, un sábado de madrugada. Miró por la mirilla. Era una chica espectacular y le estaba sonriendo. No se lo podía creer. Iba con un vestido rojo y con un escote de los que quitan el hipo... y otras cosas. Sin pensárselo, K abrió la puerta. La mirada de la chica era turbadora, escandalosa. Sin embargo, nuestro héroe empezó a sentir una extraña angustia. Esa cara... pensaba. Le era familiar. Juraría que la había visto... en una película. Y no en una cualquiera. Sin tiempo para la reacción, la chica le asestó treinta puñaladas, todas ellas bien dirigidas. La sangre empezó a brotar a borbotones del cuerpo del desdichado K. Ya en el suelo, notó que no sentía dolor alguno, lo cual le dejó paralizado y aterrado (eso sí era verdadero terror y en sus propias carnes; qué más podía desear). La chica se disponía entonces a atarlo en una silla, a lo que K no ofreció resistencia. Estaba absolutamente reventado y, pese a ello, no sentía ninguna molestia. Creía que se estaba volviendo loco. Empezó entonces la joven a cortarle los dedos de la mano derecha, mientras le sonreía con cara seductora. Ya sin dedos, pero sin sentir dolor, K vio cómo en ese momento la joven le cogió la mano izquierda. Repitió la acción. 5, 4, 3 2, 1 ... ¡sin dedos! Estaba muerto de miedo, pero, mutilado como estaba, y hecho una piltrafa, no sentía dolor alguno. Continuó entonces la bella muchacha con la orgía de sangre. Poco a poco acercó un cuchillo afilado al cuello de K. Lentamente, dulcemente, le empezó a cortar la cabeza. Notaba un cosquilleo en el cuello nuestro amigo, y claro, empezó a caerle progresivamente la cabeza hacia un lado, le pendía como un colgajo en su hombro izquierdo. Separada ya del cuerpo, la chica cogió la cabeza y la puso frente al tronco de nuestro alucinado héroe. Podía mover el cuerpo, Dios santo -pensó-, ¿pero qué me está pasando? Movía sus manos sin dedos desde la distancia que separaba la cabeza de su cuerpo. No tuvo bastante la chica que entonces fue y le arrancó los ojos, eso sí con mucha ternura y una sonrisa de oreja a oreja. Una en cada mano, la muchacha estrujó las esferas oculares del joven hasta que explotaron. Había por fin terminado el trabajo. Se dirigíó hacia la puerta y se marchó. K veía colores y siluetas indescriptibles, pero no podía enfocar nada ya. Su cabeza sin ojos yacía en el suelo y su tronco despedazado, frente a ella. Ni en sueños hubiera imaginado que sería el protagonista de una película de las que tanto le gustaban.

El tormento es gozo

- Cada día encuentro menos motivos para vivir.
-¿Y eso?
-Me siento vacío y sin perspectivas.
-¿Por qué?
-Si lo supiera.
-Creo que lo sabes.
-No.
-¿No deberías mirar dentro de ti?
-Lo hago a todas horas.
-¿Y?
-Nada de nada. Un laberinto extenuante me sumerge en una angustia sin límites.
-¿Busca más allá?
-¿Dónde?
-¿Cuándo empezaste a sentir esta desolación?
-Creo que desde la adolescencia, pero entonces no tomé consciencia.
-¿Pasó algo a lo que hayas concedido mucha importancia?
-Me torturaron cuando iba clase, se rieron de mí y me lanzaron por las escaleras del instituto. Hay muchas más desventuras.
- Una dura experiencia, pero la mayoría hemos sufrido experiencias negativas.
-Mal de muchos... De qué me sirve eso.
-¿Por qué vives atrapado en el pasado?
-No vivo atrapado en el pasado.
-Por cómo te explicas, parece que sí.
-Tú me has preguntado.
-Sí, pero tú has seleccionado ese episodio, por algo será. -¿Hay más?
-Sí claro.
-No es preciso que sigas.
-¿Por qué lo dices?
-Has de cambiar.
-¿Cómo?
-Has de vivir el presente.
-Eso parece un mantra de algún místico... No estoy para esas historias. Mi hermano se intentó suicidar tras dos años practicando meditación y todas esas cosas.
-No hablo de mística, hablo de atreverse a vivir el presente.
-Ya lo hago.
-Sí, pero atenazado por fantasmas del pasado.
-El tormento es gozo.
-Tú mismo te has dado la respuesta.
-He dicho esa frase al azar, sin pensar.
-Has dado en el clavo.
-¿Por qué?
-Te gusta el sufrimiento y te deleitas en él, ahí está tu mal.
-¡¿Pero cómo te atreves...?!
-Te recreas en el sufrimiento, pierdes tu energía: es lo más fácil.
-No puedo salir de ello.
-No quieres salir.
-¡Déjame en paz!
-Tú mismo, cierra las puertas.
-¡No me tortures!
-Pero si es lo que en el fondo te gusta: torturarte y despertar compasión.
-Si continúas así, me voy a enfadar.
-Enfádate.
-¡No me provoques!
-Te provoco.
-¿Por qué?
-Para que reacciones.
-¿Quién eres tú para hablarme así?
-Soy alguien que quiere ayudarte.
-No puede ayudarme nadie. Pienso en el suicidio.
-Me lo imagino. Estás atrapado en la erótica del sufrimiento y te deleitas con fantasías suicidas.
-¿Pero qué dices?
-Lo que oyes.
-¡Desaparece!
-Ahora mismo.

dimarts, 1 de març del 2011

Tránsito


El metro va atestado de personas. La situación, no por familiar, resulta menos pintoresca. Una chica iracunda martillea su móvil con los dedos de sus dos manos, parece poseída. Está de pie, en un vagón, rodeada de desconocidos. Mira la pantalla del teléfono, la frota con los dedos sin cesar, ahora sube, ahora baja, movimiento lateral... ya, perfecto, pulsa la definitiva tecla y reposa al fin. Un extraño espectáculo contemplarla y ver su aislamiento con el cachivache. Ninguna sorpresa. Un chico paquistaní que se encuentra al lado de la joven, también de pie, la mira fijamente con una sonrisa entre sádica y cariñosa. De pronto, estalla una música entre clásica y vodevilesca que viene de un extremo del vagón. Unos rumanos se acercan con un carrito sonriendo y pidiendo limosna con un vaso de plástico blancuzco y roído. Una mujer entrada en años los mira de soslayo con cara de asco mientras contempla embelesada a una niña rubita de ojos azules. Qué gente tan repulsiva, debe de pensar. Los olores, estímulos y miradas se entrecruzan en una orgía de sensaciones. Es una coreografía cambiante que no cesa, donde circulan los más diversos actores. La escena consiste en un tránsito continuo de desconocidos que se cruzan, se confunden, entran, se van, todo ello aderezado con ruidos mecánicos, flatulencias, carcajadas, tonos de móvil y voces que articulan frases indescifrables. Se tiene en estos casos una sensación borrosa, que se intensifica cuando uno abandona el metro. La cabeza está llena de caras que han irrumpido en ella sin permiso, de estímulos extenuantes que la han sumido en un estrépito inútil. Una molesta resaca le invade a uno entonces cuando sale a la calle tras abandonar el recinto del metro. La cabeza todavía se halla sumida en la confusión de estímulos y de repente choca con nuevas sensaciones: el aquelarre de las calles se precipita en ese instante sobre uno, como un tráiler sin frenos que nunca le acaba de atropellar. Ruido, coches, luces, letras por todas partes, caras... Al llegar a casa, uno está cansado, tremendamente cansado de esos estímulos aguijoneantes. ¿Vivir cada día así, en esta borrachera o delirio constante y sin cesar, qué significa? Hay que pasar página. Si el cerebro aún tiene cuerda para pensar, lo mejor, para evitar males mayores, es encender la tele o el ordenador (si es que se ha apagado) y empezar a relajarse y a dormitar. Hay que apagar la luz. Otro día.

dilluns, 21 de febrer del 2011

Desaparición


No logra el alma sobreponerse a la congoja en que la sumerge el discurrir de la existencia y el paso anodino de los días. La vida adulta uno a veces la percibe como una aceptación de la derrota absoluta, la asunción "positiva", en el mejor de los casos, de la aniquilación de cualquier ilusión o expectativa que pudiera haber germinado en una edad temprana.

Desde hace ya tiempo se puede sentir una profunda náusea por lo que implica ser adulto (encontrarse en un estadio intermedio de la vida). Los lugares comunes de la vida adulta podrían ser, entre otros: tener una pareja o construir una familia, traer hijos al mundo, sufrir un divorcio las más de las veces, el consumismo antifrustración (que dura lo que dura la compra), tomar tranquilizantes o hacer yoga... ah, o bien ingerir flores de Bach (y toda esa parafernalia new-age: el gran negocio construido para lobotomizar a las personas que han perdido el rumbo -la mayoría-; se habla aquí de un perfil más o menos acomodado económicamente: podría ser peor claro), hacer actividades (bailes de salón, coleccionismo, chats de amig@s, cursillos de lo que sea con-tal-de-pasar-el-tiempo: de ouija, de cocina cantonesa, de fotografía; el Photoshop que no falte...), hacer blogs para no se sabe qué... Lo que sea con tal de tapar las grietas que se van abriendo ya definitivamente, y que "harán compañía" hasta la tumba.

Cuando uno "ha cumplido" su función biológica -la reproducción-, lo que viene ya es de regalo. Luego están las personas que, por lo que sea, no han realizado ni esta básica función natural: no hay problema, queda la cultura -internet ("un instrumento de" no "un fin en sí"), libros, música, cine, teatro, maratones populares, circo...-, viajar, etc., como sustitutos en la sociedad civilizada y del espectáculo.

Pero ya no queda más. Y entonces emerge el tema "preferido" y que tanto tortura a la mayoría: "has triunfado en la vida" (creerlo es básico, porque otra cosa... , y también que los demás lo crean) o "has fracasado" (y que la persona haga suyo este pensamiento). Es el momento del balance. Tras este, lo que sigue es un ir perdiendo las fuerzas paulatino, un proceso gradual de desconexión sobre cómo funcionan las cosas en el mundo (cada vez se entiende menos por dónde van los tiros en los más diversos aspectos de la realidad), seguramente debido a la atrofia cerebral progresiva por la pérdida de neuronas, y también a causa de la falta de interés. Queda entonces ver el relevo de los jóvenes que continúan el ciclo de la vida.  Y claro, la lucha por evitar el propio deterioro físico; el miedo al dolor y a la muerte se convierten en una obsesión para muchos. Y no es de extrañar. Esto se acaba y uno ni se entera con tanta tele, tanto internet, tanto trabajo, tantas distracciones...

En el mejor de los casos, se puede aspirar a dejar una pequeña huella personal antes de la muerte, intentar dejar alguna señal de nuestro paso por el mundo [¿para qué? ... mejor no seguir por este sendero, cada uno debe de tener su propia visión sobre este particular] a las futuras generaciones.

Pero las más de las veces quedará nuestro paso en un olvido absoluto (se puede revisar lo que ha hecho uno con el recuerdo de sus familiares o amigos muertos para saber lo que le espera). La desaparición es, pues, el futuro, y quizá sea mejor así.

Seguramente, lo peor es no saber por qué caímos en el tiempo. por qué estuvimos transitoriamente en este misterio que es la vida. Pero para cuando vengan estas ideas angustiosas a la cabeza, siempre podrá encenderse la tele (si quedan fuerzas) o bien abrir una libreta polvorienta y llena de recuerdos e ilusiones perdidas para pasar el tiempo leyendo.

diumenge, 13 de febrer del 2011

La morada fuera del tiempo - I

II

III

IV


V

VI

VII

VIII

IX

X

XI

XII

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

XXI

XXII

XXIII

XXIV

XXV

XXVI

dimarts, 8 de febrer del 2011

Odas de Ricardo Reis (fragmentos) - Fernando Pessoa


 Unos, con los ojos puestos en el pasado,
ven lo que no ven; otros, fijos
los mismos ojos en el futuro, ven
lo que no puede verse.

¿A qué buscar tan lejos lo que está tan cerca,
nuestra seguridad? Este es el día,
esta es la hora, este el momento, esto
es lo que somos, y no hay más.

Perenne fluye la inacabable hora
que nos proclama nulos. En el mismo trago
en que vivimos moriremos. Coge 
el día, otra cosa no eres.

Súbdito inútil de astros dominantes,
pasajeros como yo, vivo una vida
que ni deseo ni amo,
mía porque soy ella.

...

Viven en nosotros innumerables;
si pienso o siento, ignoro
quién es el que piensa o siente.
Soy solamente el lugar
donde se siente o piensa.

Tengo más almas que una.
Hay más yos que yo mismo.
Existo sin embargo
indiferente a todos.
Los hago callar: yo hablo.

...

Cada uno cumple el destino que le cumple,
y desea el destino que desea;
ni cumple lo que desea,
ni desea lo que cumple.

Como a las piedras en el borde de los bancales
el Hado nos dispone, allí quedamos;
que la Suerte nos puso
donde habíamos de serlo.

No tengamos mejor conocimiento
de lo que nos cupo en suerte que de que nos cupo.
Cumplamos lo que somos.
Nada más nos es dado.


[Fragmentos extraídos de: Fernando Pessoa. El misterio del mundo. Antología, selección y traducción de José Luis García Martín. Colección Orfeo. Paréntesis Editorial, ed. 2009.]

dimarts, 1 de febrer del 2011

My Chemical Romance



[Me mantengo al margen de polémicas extrañas góticos vs. emos y cosas de este tipo. Uno ya tiene cierta edad. Me quedo con la canción, del resto prescindo.]