Entrar en un banco, sí, ese banco que tanto ha robado y sigue robando, sonreír antes de la explosión, morir con dignidad... ¿Qué es la dignidad? Botín? Mario Conde? Felipe González? Herman Terch? ... Matarlos con fuego o cortados con radial no curaría la enfermedad del mundo, pero al menos sería consuelo previo al suicidio. Vivir es mucho peor que la muerte. ¿No lo ven? Arrastrarse en este vodevil de mentiras, donde todos se miran con miedo, incredulidad y paranoia, pavor de sentirse un colgajo de carne pre-putrescente. ¿Amas la vida? ¡Pues jódete y sufre, estúpido! Es porque quieres, si no, ¡suicídate!
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dijous, 11 de juny del 2015
dijous, 24 d’abril del 2014
Absurdo
Un día de primavera. Aparece el tedio ante el
vivir repetitivo de la vida cotidiana. La falta de energía ante la segura
derrota que nos espera. Autoengañarse para seguir cada día repitiendo los
mismos actos absurdos. Las victorias aparentes de los semejantes, su alegría
obscena… No existen palabras para describir la impotencia de ver esas cosas y
la incapacidad para que alguna tome algún sentido para nosotros. La escritura
no tiene nada que ver con la vida, son solo palabras que hablan de ellas, no de
la vida. Respirar, solo eso debería ser suficiente para existir. Cuando uno ha
estado cerca de la muerte, ha agonizado de forma momentánea y visto el absurdo en
los ojos de los demás, el pavor, pocas cosas necesitan corroborarse más. Pero seguimos y
nos autoengañamos, nos espera un sufrimiento infinito por inútil..
La fragilidad humana es total y no se es
consciente. El tiempo de la vida es limitado y lo pasamos haciendo cosas ridículas,
absurdas e inútiles, tales como trabajar, navegar en Internet, ver la tele,
escribir, qué se yo. Nada tiene ningún sentido, acaso solo respirar, al menos
para nuestro organismo.
¿Cómo seguir arrastrándonos cuando conocemos
que nada tiene ni tendrá sentido alguno, y que todo pasará y será borrado por
nuevas generaciones estúpidas que repetirán la misma estupidez? Solo hay que
mirar a los ojos de los semejantes. ¿Qué vemos? Nada. Un vacío. Los demás
existen en su aislamiento. La fragilidad fascinante de los cuerpos que andan
ante nosotros, y sobre todo esas caras de absurda satisfacción, de patética
tristeza, de dolor inenarrable que creemos adivinar en los rostros de los
demás. El misterio de estar radicalmente solos, aislados ante la nada, y tener
que soportar la inconsciencia alrededor, la presión del ruido, de las
estupideces infinitas para llenar el vacío, la herida supurante que nos
desangra lentamente.
Es una enfermedad la vida, un tránsito carente
de sentido. Hacer cosas, cada día, a cada instante para nada. Pasar el tiempo
como si fuera eterno. Miedo a acabar con todo, reírse de todo, llorar por todo,
de nada sirve nada. La tierra se lo traga todo y luego vuelve a vomitar lo mismo, la misma historia con diferentes actores se repetirá y continuará la carrera sin sentido. Un dolor insuperable.
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Escrito original de Espectro X,
suicidio,
vida
dilluns, 13 de febrer del 2012
Misteriosas desapariciones
Hace ya tiempo se vienen registrando
desapariciones de personas y otros sucesos de diversa índole
(violaciones, evasiones fiscales, etc.) en los cruceros de placer. Este tipo de
desapariciones pueden ser voluntarias, por ejemplo con el fin de abandonar a
una persona 'amada', para evitar una persecución fiscal del país de origen, para
realizar una evasión de capital a paraísos fiscales (que entran en escalas de
los cruceros)... ; o bien involuntarias, por ejemplo accidentes, asesinatos, suicidios… La
cuestión es que todas esas desapariciones se intentan censar, aunque hay casos ‘casi
paranormales’ de personas que se han volatilizado y que no han sido registradas
ni reclamadas.
Por citar un caso, hace algún tiempo los
pasajeros del crucero de lujo Balmoral estaban en la cubierta a la espera de llegar a casa en Southhampton (Inglaterra), después de pasar unos días surcando
los fiordos noruegos. Entonces se hizo un anuncio: nadie podía bajar del barco,
faltaba un pasajero y nadie podía moverse hasta que la policia terminara su
investigación. Ese pasajero, un hombre de 89 años llamado Francis H, pasó a
engrosar una tremebunda lista que guarda la Asociación
Internacional de Víctimas de Cruceros. Se trata de un
misterio que desconcierta a muchas autoridades.
Hay personas que se apuntan a un crucero a
pasar unos días de lujo en el mar y desparecen sin dejar rastro. Es el caso de la
estadounidense Rebecca C, empleada del crucero Dysney W, que en 2007 navegaba
de México a Los Ángeles. Fue vista por última vez a las 5.45 del 22 de marzo:
un compañero suyo la vio disgustada, le preguntó si todo iba bien y ella
respondió que sí, que se iba a la cama. Las cámaras de seguridad la grabaron
con las manos en los bolsillos y nunca más se supo de ella. Cuando la policia
empezó a investigar, comprobó que no tenía ninguna tarjeta de crédito entre sus
efectos personales. Todo apuntaba a que Rebecca se suicidó, pero no hay nada
que indique que estaba deprimida. La policia no encontró indicios de secuestro.
Es un caso parecido al de una alemana de 62 años
llamada Sabine L, que desapareció en un crucero prestigioso en 2009 que iba de
Canarias a Madeira. Aunque iba con su marido, su desaparición es inexplicable:
una noche se fueron a dormir y a la mañana siguiente había desaparecido. De
nuevo, ni rastro del cuerpo ni indicios de depresión.
Las consecuencias suelen ser fatales para los
familiares, que tienen que vivir con la pérdida y la incertidumbre. Así ocurrió
con la familia de John E, un librero británico de 63 años que pasó una semana
en un crucero por Egipto donde desapareció en abril de 2009. Su mujer, Ruth,
recibió un mensaje de texto diciendo que la vería al día siguiente en el
aeropuerto y no volvió a saber de él. Ruth intentó pensar que no estaba muerto,
que de alguna manera se resbaló y cayó al agua. No se le ocurría otra cosa,
aunque no se encontrara el cuerpo. Le dijeron que había muchos tiburones en el
área. Le dieron escalofríos solo de pensarlo. Pero este no es único de los
problemas que sufrió Ruth. Al parecer, John tenía un seguro de viaje. Ella lo intentó
cobrar pero la compañía le dijo: ‘¿Qué está intentando cobrar?’. No hay pruebas
de que esté muerto, así que tampoco puede Ruth cobrar la pensión de viudedad.
Se encontraba en un limbo y sin saber qué hacer. Pensaba: ‘¿celebramos su funeral?’
Lo peor de todo es que nada tiene sentido: ‘Se fue solo al crucero porque no
podíamos pagar un viaje en familia. Los pasajeros le vieron en el bar pero no
estaba borracho ni deprimido, sino todo lo contrario. Nos trajeron su maleta
hace poco y había tres collares; uno para mí y otros dos para sus hijas que
tenían nuestros nombres escritos en jeroglíficos’.
La desaparición de una persona en el mar exige
que se realice una operación de búsqueda y rescate. La desaparición de
pasajeros y tripulantes de los barcos que navegan por alta mar ocurre en
multitud de ocasiones. Se desconoce la frecuencia y es difícil precisar el
número de desaparecidos porque las compañías navieras no revelan esta
información. No es fácil obtener esta información a través de fuentes
gubernamentales debido a la cantidad de países involucrados. Un informe al
respecto debe enviarse al país de registro del barco. Recabar información de
estos países es difícil cuando no imposible.
Existen, asimismo, otro tipo de sucesos a
bordo de los cruceros, como violaciones y otros hechos irregulares. Un testigo,
Janet K, de 46 años y casada, dijo que uno de los camareros de un crucero
supuestamente la drogó y la violó cuando disfrutaba de unas vacaciones en uno
de esos buques de turismo.
Las elevadas cifras de pasajeros de estos cruceros
turísticos dificultan sobre manera la investigación.
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dimarts, 10 de maig del 2011
Se acabó
Llegó el momento de la verdad. Matías parecía haber reunido el suficiente valor para tomar la decisión que desde hacía mucho tiempo le rondaba por la cabeza: quitarse la vida. La existencia se había convertido para él en un suplicio insoportable. Una tremenda angustia y falta de sentido hacia todos los actos de su existencia le habían conducido a tomar esta irreversible decisión. Desde hacía ya muchos años no entendía qué hacía en ese mundo que no comprendía, lleno de mentiras, de falsos afectos, de incertidumbre, de grosería, de vulgaridad nauseabunda, aislado como estaba en un dolor psicológico indescriptible. Él situaba el comienzo de su "caída" en la entrada en la edad adulta. No soportaba trabajar, le gustaban las mujeres pero no las entendía ni tenía demasiado éxito con ellas; además, había perdido todo interés por hacer cosas.
El acto fue rápido. Se aseguró de que nadie llamara a su casa, se tomó un frasco de pastillas (un cóctel infernal de tranquilizantes, antipsicóticos y antiepilépticos) y se fue a "dormir". Eso fue por la mañana de un lunes como otro cualquiera, otro maldito lunes sin sentido, pero ese día dijo basta.
Al cabo de tres días, su hermano, que tenía las llaves de su casa, se dirigió a su domicilio, pues Matías le debía 1.000 euros. Al no abrir la puerta, y después de haber estado llamándole unos días por teléfono, se decidió a entrar con las llaves que poseía. Miró por toda la casa y, finalmente, accedió a una habitación dormitorio. Matías yacía muerto en la cama, con un aspecto terrorífico. Andrés, su hermano, llamó raudo a urgencias médicas, aunque ya veía que su hermano estaba muerto. Cayó en un llanto inconsolable, lleno de impotencia y angustia.
Era un caso más de suicidio. El de un ser gris que se quita de en medio. El tumulto de la vida continúa. A nadie le importa que un ser patético y absurdo se suicide.
Hay que pasar página, que la vida sigue... ¡Viva la vida!
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