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dimecres, 5 d’octubre del 2011
Sufrimiento
dimarts, 19 de juliol del 2011
Pesadillas con cuerpo
La vida se convirtió en algo parecido a una pesadilla hace ya mucho tiempo. O quizá siempre lo fue. La intensidad de los días, el fulgor de la existencia se fue apagando de manera progresiva y sin remedio. Las sensaciones se fueron diluyendo, las percepciones, desgastando y difuminando por una inquietud las más de las veces sin razón. Nació, no se sabe por qué ni cómo, un sufrimiento difícil de describir con palabras. Se apoderó de todo. No se trata de que uno desee morir, más bien se quiere descansar para no sufrir más, reposar de una angustia estéril pero corrosiva en extremo que no se puede controlar. Más que sentir placer o ser más o menos dichoso, uno necesita un poco de serenidad. Solo eso. La renuncia a los placeres de la vida, uno casi no recuerda cuando le fue invadiendo y atenazando ese estado, ese sopor persistente, mórbido. Y lo que es peor: No saber si se nació con el problema, si el problema se fue adueñando de uno con el paso de los años y las experiencias acumuladas, o si en realidad el problema es estar vivo y no sentirse vivo. Esta existencia ahogada y desdibujada en un sinsentido profundo, permanente e invalidante convierte a uno en poco menos que un cuerpo sufriente con una cabeza enquistada en un torbellino de discursos que solo conducen a un bucle de sinsentido. Cada día es igual de gris o doloroso. No poder expresar el malestar extremo que uno siente porque su intensidad bloquea el verbo, la expresión, no alcanzan las palabras, ya no expresan nada. El desgaste psicológico que se siente es tan abrumador que es preferible dormir y no despertar nunca más. La energía pasa de ser torrencial a nimia, depende de las circunstancias, la cuestión es que gastarla nunca conduce a ningún fin. Uno se debilita por y para nada. Parece que se han recorrido kilómetros y el cuerpo no se ha movido de la silla, eso bien lo sabe el tormento que ahoga la cabeza. Vivir sin vivir, sufrir más allá de sufrir. Un paroxismo de los sentidos, una hipersensibilidad insoportable y paralizadora se apodera de uno. La vida ya no es vida: es una no-vida disfrazada de vida. Una caricatura de vida. A ese cúmulo de sensaciones psicológicas y corpóreas de angustia incomprensible uno las llama pesadillas con cuerpo, el enclave físico y metafísico donde anida el no sentirse vivo pese a estarlo. Una zozobra andante, un organismo atestado de dolores y frustraciones, que aúlla en un desierto de interminable malestar. Ese ser es el que yace aquí, ahora.
NADA, pincha aquí:
ALTAZOR, Vicente Huidobro (Canto I):
NADA, pincha aquí:
ALTAZOR, Vicente Huidobro (Canto I):
dimarts, 10 de maig del 2011
Se acabó
Llegó el momento de la verdad. Matías parecía haber reunido el suficiente valor para tomar la decisión que desde hacía mucho tiempo le rondaba por la cabeza: quitarse la vida. La existencia se había convertido para él en un suplicio insoportable. Una tremenda angustia y falta de sentido hacia todos los actos de su existencia le habían conducido a tomar esta irreversible decisión. Desde hacía ya muchos años no entendía qué hacía en ese mundo que no comprendía, lleno de mentiras, de falsos afectos, de incertidumbre, de grosería, de vulgaridad nauseabunda, aislado como estaba en un dolor psicológico indescriptible. Él situaba el comienzo de su "caída" en la entrada en la edad adulta. No soportaba trabajar, le gustaban las mujeres pero no las entendía ni tenía demasiado éxito con ellas; además, había perdido todo interés por hacer cosas.
El acto fue rápido. Se aseguró de que nadie llamara a su casa, se tomó un frasco de pastillas (un cóctel infernal de tranquilizantes, antipsicóticos y antiepilépticos) y se fue a "dormir". Eso fue por la mañana de un lunes como otro cualquiera, otro maldito lunes sin sentido, pero ese día dijo basta.
Al cabo de tres días, su hermano, que tenía las llaves de su casa, se dirigió a su domicilio, pues Matías le debía 1.000 euros. Al no abrir la puerta, y después de haber estado llamándole unos días por teléfono, se decidió a entrar con las llaves que poseía. Miró por toda la casa y, finalmente, accedió a una habitación dormitorio. Matías yacía muerto en la cama, con un aspecto terrorífico. Andrés, su hermano, llamó raudo a urgencias médicas, aunque ya veía que su hermano estaba muerto. Cayó en un llanto inconsolable, lleno de impotencia y angustia.
Era un caso más de suicidio. El de un ser gris que se quita de en medio. El tumulto de la vida continúa. A nadie le importa que un ser patético y absurdo se suicide.
Hay que pasar página, que la vida sigue... ¡Viva la vida!
dimecres, 13 d’octubre del 2010
Canto I
"Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?
Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa
Con la espada en la mano?
¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como
el adorno de un dios?
Por qué un día de repente sentiste el terror de ser?
Y esa voz que te gritó vives y no te ves vivir
¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de todos
los vientos del dolor?
Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de estupor
Estás perdido Altazor
Solo en medio del universo
Solo como una nota que florece en las alturas del vacío
No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza
¿En dónde estás Altazor?
La nebulosa de la angustia pasa como un río
Y me arrastra según la la ley de las atracciones
La nebulosa en olores solidificada huye su propia soledad
Siento un telescopio que me apunta como un revólver
La cola de un cometa me azota el rostro y pasa relleno de
eternidad
Buscando infatigable un lago quieto en donde refrescar su
tarea ineludible [...]
Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo de la sombra
Sin miedo al enigma de ti mismo
Acaso encuentres una luz sin noche
Perdida en las grietas de los precipicios".
(Fragmento extraído del Canto I del poema Altazor de Vicente Huidobro, Ed. colección Visor de Poesía, vol. XLI, edición 2004)
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Vicente Huidobro
dijous, 30 de setembre del 2010
El tormento es gozo
Al tomar conciencia de lo absurdo, uno pasa a quedar atado a él para siempre. Los dioses condenaron a Sísifo a empujar una roca eternamente hacia lo alto de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Pensaron, con cierta razón, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. Aferrarse demasido a la vida nos arrastra a este suplicio en el que todo el ser se dedica a no rematar nada.
La persona que trabaja todos los días, en las mismas tareas durante toda su vida, tiene un destino igual de absurdo. Pero hay que ser consciente de ello, entonces se abre la tragedia: conocer esa miserable condición en toda su amplitud. La clarividencia de ese tormento puede dar, pardójicamente, un poco de luz. Hasta se puede gozar del tormento. Así, uno se acostumbra a pasar 8 horas diarias de su vida en el lugar de trabajo y hasta se lo puede pasar medianamente bien. La roca -angustia- es demasido pesada de llevar: las verdades aplastantes desaparecen al ser reconocidas.
La felicidad y el absurdo son dos hijos de la misma tierra. A veces, hasta el sentimiento absurdo nace de la felicidad. El hombre absurdo dice sí y su esfuerzo no cesa nunca. En la lucha atormentada puede estar la dicha.
La persona que trabaja todos los días, en las mismas tareas durante toda su vida, tiene un destino igual de absurdo. Pero hay que ser consciente de ello, entonces se abre la tragedia: conocer esa miserable condición en toda su amplitud. La clarividencia de ese tormento puede dar, pardójicamente, un poco de luz. Hasta se puede gozar del tormento. Así, uno se acostumbra a pasar 8 horas diarias de su vida en el lugar de trabajo y hasta se lo puede pasar medianamente bien. La roca -angustia- es demasido pesada de llevar: las verdades aplastantes desaparecen al ser reconocidas.
La felicidad y el absurdo son dos hijos de la misma tierra. A veces, hasta el sentimiento absurdo nace de la felicidad. El hombre absurdo dice sí y su esfuerzo no cesa nunca. En la lucha atormentada puede estar la dicha.
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