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dijous, 11 de juny del 2015

Pre-putrescencia

Entrar en un banco, sí, ese banco que tanto ha robado y sigue robando, sonreír antes de la explosión, morir con dignidad... ¿Qué es la dignidad? Botín? Mario Conde? Felipe González? Herman Terch? ...  Matarlos con fuego o cortados con radial no curaría la enfermedad del mundo, pero al menos sería consuelo previo al suicidio. Vivir es mucho peor que la muerte. ¿No lo ven? Arrastrarse en este vodevil de mentiras, donde todos se miran con miedo, incredulidad y paranoia, pavor de sentirse un colgajo de carne pre-putrescente. ¿Amas la vida? ¡Pues jódete y sufre, estúpido! Es porque quieres, si no, ¡suicídate!


dimecres, 22 de gener del 2014

Vivir la vida



Intentar pasar el día. Que pase lo más rápido posible. ¿Para qué se quiere el tiempo? ¿Para torturarse? ¿Para disfrutar? ¿De qué? Hay tantas cosas. Que alguien me diga solo una. La inquietud por la falta radical de sentido de la vida no tiene alivio posible. La muerte está ahí, esperando. Una eternidad en la nada, sí. ¿Y esta casi eternidad en el algo y que no es nada? Regodearse en la rabia, el odio, la impotencia, bañarse en lo grotesco... No son soluciones. Nada tiene solución. Tampoco pensar que hay gente en el tercer mundo que está peor. ¿Y qué? Qué sé yo... Pero es que encima uno debe trabajar y perder el tiempo, su tiempo, para poder comer y poder seguir pasando el tiempo, sin recuerdos, sin nada a lo que asirse. Pero es que encima uno debe sonreír, porque la vida es bella, maravillosa, o eso dicen. Y hay que sonreír siempre a la vida. Es casi una obligación hoy día... Que alguien explique esto. Es igual. Intentar dormir un rato para que pase más rápido el día y así no torturarse estérilmente con las tonterías y avatares de la jornada. ¿De qué vale ser positivo? Engañarse con estupideces es peor que amargarse la existencia. Hay los opiáceos, música, cine, tele-basura, Facebook, Linkedin, Flickr ... ¿Las fotos para qué? Casi todas las cámaras modernas tiran fotos que son exactamente iguales o parejas. No importa, se busca reconocimeinto, esa farsa cercana a la caricia que recibe un perrito. No da ni risa. Da pena. Pero esa caricia o golpecito es lo que busca casi todo el mundo. Pero ¿y si se está cansado, tan rematadamente cansado, que solo la inconsciencia que provoca el sueño o las pastillas sirve para ahogar las horas? Y cuando uno despierta, otra vez lo mismo. El absurdo, el olvido, el vacío... La misma diarrea. Las horas. Los políticos diciendo estupideces, caras repugnantes en la pantalla, cuerpos maravillosos que se los traga el olvido... La vida es la peor enfermedad terminal, pues ser consciente de que nada tiene sentido, de que todo fluye y se va, de que las cosas son indiferentes, es un sinvivir. Además, todo se olvidará y no habrá servido para nada.

dimecres, 24 d’octubre del 2012

Efecto placebo


Curioso principio de siglo el que nos toca vivir, si es que alguien todavía vive. Algunos creen que el efecto placebo es cosa de médicos, pacientes crédulos, esoterismos de medio pelo y terapias alternativas. Eso sería antes, porque la verdad, la cruda verdad es que ahora el efecto placebo está por todas partes. Lo cual quiere decir que hay muchos efectos pero ninguna causa real, o también que la ilusión, la ilusión más burda, se ha convertido en la única y verdadera realidad. Por todos lados sustitutos y suplementos, complementos y añadidos, para tapar un vacío tan grande que nos mataría si fuera visible, el agujero negro más terrible de toda la historia de la humanidad. Decir nihilismo es decir poco, nadamos en una nada viscosa que amenaza con tragarnos y asfixiarnos. Asco. Náuseas. Putrefacción. El efecto placebo es el remedio a esta enfermedad incurable. O la forma de retrasar el fin. Ilusiones de pacotilla para pasar el rato, olvidarse de la marea negra bajo nuestros pies. Las redes sociales, con Facebook a la cabeza, FB para los "amigos" y los "amigos de los amigos", son el máximo exponente de este efecto placebo que simula una vida que no está en ninguna parte. Todos consiguen hacer sin moverse de casa lo que harían si tuvieran una vida real, relacionarse, tener amigos, compartir experiencias. Ahora bien, como nadie ya tiene amigos, ni puede ni quiere, ni se relaciona en verdad con nadie, porque nadie hay ahí, recurre a FB para simular un entorno virtual de amistad y todo se convierte en una invención, una mala literatura, lo único que queda de una sociedad descompuesta. Naturalmente es una gran negocio, da a las personas algo que necesitan sin dárselo en realidad tal como la prostitución da a los clientes un simulacro de sexo. FB es como la psicología y vive de las frustraciones, las desgracias y las miserias de la gente. Es humillante ¿Y qué? Es perverso ¿Y qué? A nadie le importa. Como perritos amaestrados corren detrás de la golosina que tanto desean: P L A CE B O. Y a dormir un rato, que estar despierto cuesta mucho y la gente te mira mal. Hace tiempo la consigna era Revolución o Muerte, está bien, las cosas han cambiado un poco, ahora es Facebook o el coche bomba, no hay otra opción, o te enchufas el Placebo o te mueres en un rincón de asco, o te matan de alguna forma absurda y estúpida. Al menos la bomba atómica es definitiva. Por favor, hagamos algo real de una vez, ¡aunque sea morir! Facebook es la nada personificada, maloliente, pegajosa y odiosa, el lugar donde los amigos se consumen como velitas de un pastel de cumpleaños vomitivo. Que aproveche.

dijous, 28 de juliol del 2011

El infierno está aquí


Hay pocas pesadillas parecidas a vivir en una ciudad como Barcelona, donde se gasta y dilapida lo que no está escrito con, por ejemplo, el maldito tren de alta velocidad, mientras se cierran ambulatorios y servicios de urgencias hospitalarios y se despide sin cesar a médicos y personal de enfermería. La situación es grave, casi límite, imposible entender por qué no estalla una rebelión. Falta poco.

Mientras se inaugura el último agujero bajo tierra del túnel del tren para ricos que cruza la ciudad, la flota de ambulancias, por ejemplo, ha sido reducida drásticamente, hasta el punto de que uno no sabe a ciencia cierta si, en caso de caer enfermo, llegaría algún vehículo medicalizado o tendría que ir arrastrándose a un hospital o ambulatorio, si es que queda alguno abierto, siempre bajo mínimos (no tienen ni vendas en algunos: todo sea por el ahorro, o, como dice Artur Mas, "por responsablidad"), y encuentra personal que no esté a punto de suicidarse por el estrés. La obscenidad del contraste deja a uno sin palabras y le llena de mucho odio, rabia e impotencia. Esto es aplicable a toda Cataluña y a España, claro. 

Saber que si uno cae enfermo puede tener graves problemas para ser atendido y quizá puede morir ha dejado de ser una pesadilla: es cada vez más cierto, al menos en Barcelona y también Cataluña. Pero todo el mundo calla o parece callar.

Se habla de esta ciudad (y de esta Comunidad) porque es donde uno nació, por accidente -obviamente-, y también porque es la zona del Estado español (no voy a entrar a hablar de nación o de alguna imbecilidad por el estilo: ¡solo cosas importantes!) donde los gobernantes se están empleando más a fondo en destruir cualquier esperanza de futuro. Barcelona y Cataluña siempre en la vanguardia...

¡Malditos bastardos! Barcelona y Cataluña apestan a Convergència i Unió, el partido más ultraliberal e inhumano que existe en España. 

dilluns, 21 de febrer del 2011

Desaparición


No logra el alma sobreponerse a la congoja en que la sumerge el discurrir de la existencia y el paso anodino de los días. La vida adulta uno a veces la percibe como una aceptación de la derrota absoluta, la asunción "positiva", en el mejor de los casos, de la aniquilación de cualquier ilusión o expectativa que pudiera haber germinado en una edad temprana.

Desde hace ya tiempo se puede sentir una profunda náusea por lo que implica ser adulto (encontrarse en un estadio intermedio de la vida). Los lugares comunes de la vida adulta podrían ser, entre otros: tener una pareja o construir una familia, traer hijos al mundo, sufrir un divorcio las más de las veces, el consumismo antifrustración (que dura lo que dura la compra), tomar tranquilizantes o hacer yoga... ah, o bien ingerir flores de Bach (y toda esa parafernalia new-age: el gran negocio construido para lobotomizar a las personas que han perdido el rumbo -la mayoría-; se habla aquí de un perfil más o menos acomodado económicamente: podría ser peor claro), hacer actividades (bailes de salón, coleccionismo, chats de amig@s, cursillos de lo que sea con-tal-de-pasar-el-tiempo: de ouija, de cocina cantonesa, de fotografía; el Photoshop que no falte...), hacer blogs para no se sabe qué... Lo que sea con tal de tapar las grietas que se van abriendo ya definitivamente, y que "harán compañía" hasta la tumba.

Cuando uno "ha cumplido" su función biológica -la reproducción-, lo que viene ya es de regalo. Luego están las personas que, por lo que sea, no han realizado ni esta básica función natural: no hay problema, queda la cultura -internet ("un instrumento de" no "un fin en sí"), libros, música, cine, teatro, maratones populares, circo...-, viajar, etc., como sustitutos en la sociedad civilizada y del espectáculo.

Pero ya no queda más. Y entonces emerge el tema "preferido" y que tanto tortura a la mayoría: "has triunfado en la vida" (creerlo es básico, porque otra cosa... , y también que los demás lo crean) o "has fracasado" (y que la persona haga suyo este pensamiento). Es el momento del balance. Tras este, lo que sigue es un ir perdiendo las fuerzas paulatino, un proceso gradual de desconexión sobre cómo funcionan las cosas en el mundo (cada vez se entiende menos por dónde van los tiros en los más diversos aspectos de la realidad), seguramente debido a la atrofia cerebral progresiva por la pérdida de neuronas, y también a causa de la falta de interés. Queda entonces ver el relevo de los jóvenes que continúan el ciclo de la vida.  Y claro, la lucha por evitar el propio deterioro físico; el miedo al dolor y a la muerte se convierten en una obsesión para muchos. Y no es de extrañar. Esto se acaba y uno ni se entera con tanta tele, tanto internet, tanto trabajo, tantas distracciones...

En el mejor de los casos, se puede aspirar a dejar una pequeña huella personal antes de la muerte, intentar dejar alguna señal de nuestro paso por el mundo [¿para qué? ... mejor no seguir por este sendero, cada uno debe de tener su propia visión sobre este particular] a las futuras generaciones.

Pero las más de las veces quedará nuestro paso en un olvido absoluto (se puede revisar lo que ha hecho uno con el recuerdo de sus familiares o amigos muertos para saber lo que le espera). La desaparición es, pues, el futuro, y quizá sea mejor así.

Seguramente, lo peor es no saber por qué caímos en el tiempo. por qué estuvimos transitoriamente en este misterio que es la vida. Pero para cuando vengan estas ideas angustiosas a la cabeza, siempre podrá encenderse la tele (si quedan fuerzas) o bien abrir una libreta polvorienta y llena de recuerdos e ilusiones perdidas para pasar el tiempo leyendo.

dimarts, 12 d’octubre del 2010

La lucha perdida

La radical consciencia de la finitud puede ser un alivio o un horror, según como se mire. El alivio vendría porque, con la certeza de que "la partida" está perdida de antemano, uno puede actuar ardorosamente en cada acto de su vida, en cada instante, agotando hasta la última gota del tiempo, sin importarle nada ni sentirse culpable por nada (saber que la vida es una instante y la muerte toda la eternidad ayuda a tomar decisiones cuando la consciencia está despierta).

En cambio, la consciencia de la finitud puede sumir en el horror y el espanto porque uno no podría soportar hacer la mayoría de cosas que hace a lo largo de sus días sabiendo cómo acaba todo. Qué duro puede resultar, las más de las veces, el tener la sensación de "perder el tiempo" -en el mal sentido de esta expresión, claro, pues, se haga lo que se haga, el tiempo siempre se pierde-. La actitud pasiva, expectante ante el morir cotidiano puede ser desesperante, asfixiante y angustiosa. La certeza de que nos espera una eternidad de muerte puede sumergirnos en un abismo emocional de difícil salida (algunos opiáceos virtuales pueden ser de ayuda para pasar el tiempo... hacer un blog, sin ir más lejos, ver la televisión... aquí podríamos establecer jerarquías, claro está).

Una tercera vía podría ser la adopción de una actitud estoica, contemplativa. Digerir -cosa nada fácil- el destino fatal y el absurdo extremo de cualquier esfuerzo en esta vida y, pese a todo, disfrutar de esa lucha y admirar maravillados tantos sacrificios y peripecias titánicas para seguir adelante.

Hay algo grandioso en esa trágica lucha para quien lo sepa captar.

Escrito por Espectro X

diumenge, 26 de setembre del 2010

Sobre el mercado espiritual


Osho, el más controvertido de los gurús de los años setenta y ochenta -cuando era conocido como Rajneesh- adoptó este nombre pocos meses antes de su misteriosa muerte, de la que precisamente ahora se cumplen veinte años. Desde entonces, Osho se ha convertido en una de las marcas más potentes del mercado de la espiritualidad, con más de cuatrocientos títulos traducidos a 58 idiomas. Un imperio sin rostro -mucho menos indio y mucho más occidental de lo que parece- con sede en Zurich.

En la India, donde siempre está latente la posibilidad de ser engullido por una alcantarilla, arrollado por un killer bus o electrocutado por un cabo de alta tensión, el ashram de Osho y sus alrededores arbolados eran ciertamente un remanso de paz. Una evasión de la India en toda regla, paradójicamente vivida como un encuentro con las profundidades de India por parte de los seguidores tardíos -mayoritariamente extranjeros- del gurú, cuya más reciente encarnación dejó este mundo hace dos décadas por problemas de inmunodeficiencia nunca aclarados. Este oasis de Koregaon Park, en Pune, salpicado de mansiones ajardinadas de políticos corruptos y magnates, saltó en pedazos hace dos sábados con retumbante violencia. Una bomba accionada a distancia había sido colocada en el más popular y el más cercano de los cafés cercanos al ashram, la German Bakery (el nombre y vocación occidental dice mucho sobre la India de mentirijillas que da cobijo a este tipo de turismo: en realidad una pantalla de protección frente a la aspereza de India). Desde hacía cuatro meses, la vigilancia se había reforzado cien metros más abajo, en la Chabad House, y cien metros más arriba, en la entrada principal del inmenso ashram o centro de meditación. Pero no en la modesta German Bakery, de bancos de madera y menús naturistas: zumos de granada, lassis, tofu, germen de trigo, alga espirulina y queso de yak (aunque el yak más cercano debe pacer a 2000 km de allí).

La marca Osho se ha convertido en un imperio editorial, que publica cientos de recopilaciones de sus macarrónicos discursos en inglés. Ni una rupia se destina a obras de caridad. Aunque varias hectáreas de jardín, propiedad de la fundación, se abren a los vecinos unas pocas horas al día. También hay visitas guiadas de diez minutos, en estricto silencio, más que nada para que los indios vean que allí no se fornica al aire libre y grupalmente, como les gusta imaginar horrorizadamente. El punto culminante de la visita es el exterior de una pirámide negra -por fuera, aunque blanca por dentro- cuyo interior acoge las meditaciones de la tarde.

Para convertirse en sannyasin, o seguidor, aunque sea por un sólo día, es necesario comprar la túnica morada para los talleres diurnos y la túnica blanca para la meditación vespertina. Aunque a la discoteca nocturna se va con ropas de calle. Antes de las once, el ashram cierra sus puertas. En el apogeo de Osho, las túnicas eran, de hecho, naranjas, y luego el maestro suprimió su uso. La mayoría de las costumbres del ashram, así como el mismo nombre de Osho -efectiva marca global-, fueron introducidos cuando el gurú estaba más en el otro mundo que en este, a menos de seis meses de su muerte. Osho creía que alguien lo estaba envenenando, lo que creó un ambiente de caza de brujas dentro del propio ashram.

Hay que añadir que sólo se aceptan extranjeros con visado turístico -posiblemente para evitar que los periodistas metan las narices- y es imperativo pasar un test de VIH, aunque el ashram en sí ni siquiera tiene alojamiento. El lujoso hotel gestionado por la empresa Osho está algo apartado. Osho es un fabuloso negocio, aunque no se puede objetar que fuera más puro en vida del gurú. Si en algo destacó Rajneesh (pronúnciese Rachnish), luego Osho, fue en su proverbial instinto comercial y en su ágil adaptación a los cambios de gusto en la audiencia. Su discurso, siempre ecléctico, se volvió más jocoso, disparatado y posmoderno desde finales de los setenta.

Detengámonos en la jugosa personalidad de Osho. Para empezar, no era hindú, sino jainista. El jainismo es una religión contemporánea del budismo, con el que comparte algunos rasgos, aunque lleva al extremo algunos aspectos como la no violencia, el respeto por la vida (el vegetarianismo es estricto) y el menosprecio por los placeres mundanos. Pues bien, a pesar de estos antecedentes, Osho llegaría a ser conocido en India como "el gurú del sexo", por su desculpabilización del individuo y su sistemática denuncia de las represiones sociales. Aunque Osho, en realidad, había dicho que el sexo era algo estúpido y que lo que le interesaba era el silencio posterior al orgasmo. El vacío mental que es, no la condición previa para la meditación, ni el camino a la meditación, sino su objetivo último.

Osho nació en el culo de India, en una familia pobre de una aldea pobrísima, del miserable estado de Madhya Pradesh. Su ascenso hasta convertirse en la marca más cotizada del mercado mundial de la espiritualidad y presencia inevitable en las estanterías de autoauyuda es por lo menos digno de admiración. Su inteligencia no pasó desapercibida desde su infancia, que pasó con sus abuelos. Osho aseguraría luego que a los 21 años tuvo su iluminación, pero la verdad es que durante nueve años más continuó como oscuro profesor de filosofía en la no menos oscura localidad de Jabalbur. De ahí que sus discursos contengan menos referencias a la tradición india que Albert Camus, Bertrand Russell o Winston Churchill. Diríase que su meditación dinámica tiene menos que ver con la sabiduría de Oriente que con las experiencias teatrales de Grotowsky o Artaud. No siempre citados, la psicología de Freud y Wilhelm Reich está en la base de sus ideas -Viena más que Varanasi-, así como la filosofía de Nietzsche. La propia arquitectura de su centro de meditación no podría ser menos india y más miesiana (del Mies van der Rohe del Pabellón Alemán de Barcelona, del que toma hasta las sillas). Menos es más. También Rousseau o Voltaire pesan en su rechazo de las religiones organizadas (aunque codificó sus propias prácticas "liberadoras" y el culto a su personalidad).

Nada que objetar. También Gandhi, tenido como el indio y el hindú por antonomasia, es, si la vista no se deja engañar por el atuendo que adoptó y fue perfeccionando a partir de 1920 -cuando cambió los trajes y corbatas por un trapo-, una mezcla de oriente y occidente en la que pesan más el derecho británico, el Evangelio, Tolstoi y Thoureau.

Si se lee, por ejemplo, The inner journey, una de las recopilaciones de discursos de Osho, se halla una mezcolanza de verdades del barquero, chascarrillos y parábolas mediocres, útiles consejos para la meditación, reflexiones que han ayudado a mucha gente y simplificaciones del diván Oriente-Occidente.

Osho dijo también un montón de sandeces -recogidas por sus discípulos a partir de sus macarrónicos discursos en inglés, base de sus libros, ya que él nunca escribió-. Profetizó una tercera guerra mundial y el fin del mundo (del que se salvarían sus discípulos) para la década de los noventa [del siglo XX]. Dijo que la humanidad acabaría viviendo en ciudades submarinas. En cualquier caso, en el ambiente contracultural posterior al 68, flower power, Osho supo encontrar su segmento de mercado entre una juventud acomodada, ávida de bofetones a la autoridad tradicional y de exóticos atajos a la sabiduría. En este medio, su discurso de que el propio ombligo es el centro del cosmos había de encontrar necesariamente una audiencia. Obsérvese que esta no es la India del altruismo (concepto ajeno a India), sino la del masaje al ego y la salvación individual.

Su afabilidad, su aspecto a medio camino del profeta y del granuja, su barba mosaica y su mirada magnética encandilaron a miles de seguidoras y seguidores, a los que daba un nuevo nombre de pila. El maestro espiritual mimaba especialmente a los ociosos hijos de millonarios. La heredera de un naviero griego fue quien adquirió el terreno sobre el que se levanta el ashram de Pune. Por todo ello, Osho, el gurú con cara de sinvergüenza -para algunos, el gurú que parodiaba a los gurús- era conocido también como el gurú de los ricos. El mismo afán con el que construía una imagen mesiánica de sí mismo -emparentándose con Budha- Osho lo empleaba para denigrar a todas las vacas sagradas de India: Gandhi era "un masoquista" y "un pervertido". La Madre Teresa era "una charlatana" y "una hipócrita". Su relación con los movimientos hinduístas, que había sido óptima, se fue degradando. El gobierno indio retiró la exención fiscal de que gozaba su opulento movimiento sectario y le quiso cobrar los atrasos.

Agobiado por la presión, Osho hizo las maletas y abandonó el ashram de Pune en 1981, para instalarse en Oregón, EE.UU. Su rancho contaba con decenas de Rolls Royce, regalo de sus seguidores, que aspiraban a que Rajneesh-Osho pudiera ser conducido en uno distinto cada día del año: se quedaron en 92. Menos es más. Las relaciones con la comunidad austera, trabajadora y conservadora del lugar fueron pésimas desde el inicio para un vividor del tamaño de Rajneesh y su comitiva de porreros iluminados. Los miles de adeptos de Rajneesh pretendían cambiar el mapa político del municipio para imponer su ley, y para hacerlo más fácil, la dirección de la secta diseñó lo que podría ser calificado como un precursor atentado bioterrorista: la comida de varios restaurantes del lugar fue contaminada con cultivos de salmonela, para impedir que los parroquianos pudieran ejercer su voto. Más de setecientos fueron hospitalizados. A eso hay que añadir la masiva violación de las leyes de inmigración por parte de los adeptos y del mismo Osho.

La deportación de Osho era inminente cuando este fue detenido con más de un millón de dólares en joyas y en metálico a punto de volar a las Bahamas. Fue encarcelado y Osho se autoinculpó de delitos menores a cambio de no volver a EE.UU. en cinco años. Rajneeshpuram, la comunidad utópica de túnicas naranjas y Rolls Royce, fue desmantelada. No había sido su mejor época: parece que fue en Oregon donde Osho se convirtió en adicto al gas hilarante y al valium, se encerró, hizo voto de silencio y durante tres años sus alelados fieles se tuvieron que contentar con el darshan o visión del gurú montado en uno de sus Rolls Royce. Su secretaria -esposa del benefactor que compró el inmenso rancho por seis millones de dólares- tomó las riendas. Cuando Osho recuperó la palabra, la pugna entre ambos fue monumental, también por las cuentas en Suiza. Al jet en el que fue expulsado de EE.UU. con su círculo íntimo le fue impedido aterrizar o desembarcar en numerosos países, entre ellos España. Terminó regresando a sus orígenes de Pune. Aunque moriría poco después.

[Fragmento extraído de un artículo:"Osho, atentado contra la espiritualidad", Jordi Joan Baños (corresponsal de Nueva Delhi). La Vanguardia.es, 21/02/2010]

dilluns, 20 de setembre del 2010

Naufragio

Una confusión incomprensible asola el alma... La angustia indescriptible y el horror de sentirse vivo, de palparse el rostro por las mañanas ante el espejo... La radical consciencia de la futura (o inminente) muerte y de que nada quedará de uno... De que el paso por el mundo puede resultar como mínimo absurdo, delirante, las más de las veces grotesco, gris y sinsentido... Una caótica suerte de interferencias, de instantes fugaces, que terminan en una difusa nada que se desvanece. Y pese a todo continuar en el día a día, la carrera hacia ninguna parte. Saber que lo único que queda es el ahora... No cabe esperar nada. Qué difícil soportar el estar vivo sin percibir el sentido de ello. La inmediatez de todo se escapa...

Ser consciente de que sólo existe el presente puede ser insoportable. El tiempo no sólo vuela sino que es ocupado por mil y una estupideces que condenan a la asfixia mental, el aturdimiento sin esperanza ni salida.


¿Cómo escapar de este sufrimiento indecible y límite? Todo está en la cabeza y de ella no se puede salir. Uno no sabe quién o qué es, pero parece que ES. Uno es un ser irrepetible, esa parece la única certeza, y para muchos eso es hermoso y vital. No alcanzar nunca a ver esa hermosura; sólo sentir el vacío, notar el cuerpo que va degenerándose con el paso del tiempo.

Ser un perfecto desconocido para uno mismo, un náufrago que parece destinado a sufrir lo nunca escrito porque nada colma su insaciable hambre de vivir.

La vida debe de ser todo esto...

dijous, 15 de juliol del 2010

NOSFERATU


El significado original de la palabra nosferatu es difícil de determinar. No hay duda de que alcanzó difusión popular a través de la novela de Bram Stoker; Stoker halló el término en cierta obra del escritor y orador británico del siglo XIX Emily Gerard, quien la introdujo en un capítulo de su obra Supersticiones de Transilvania (1885) y en su crónica de viajes La tierra más allá del bosque (1888) (la “tierra más allá del bosque” es literalmente lo que significa Transilvania en latín). Se alude a ella simplemente como el vocablo rumano para designar al vampiro; Stoker empleó el término como un calco del inglés undead o no-muerto. Esta atribución es patentemente falsa, puesto que la palabra nosferatu carece de significado conocido (aparte del introducido por la novela y las películas) en ninguna fase histórica del rumano.

Una etimología alternativa sugiere que el término proviene originalmente de los nosóforos griegos (*νοσοφορος), es decir, de los agentes transmisores de enfermedades. Esta derivación podría tener sentido cuando se observa que en varias naciones de Europa Central los vampiros eran considerados difusores de epidemias. La película de Murnau incide particularmente en el tema de la enfermedad, y su creatividad como director pudo haber sido influenciada por esta etimología. Otra teoría sugiere que la palabra significa “respiración,” un derivado del spirare latino. Una posibilidad final es que la forma que Gerard ofrece sea un término rumano bien conocido pero mal transcrito, o posiblemente un mala interpretación de los sonidos de la palabra debido a la familiaridad limitada de Gerard con la lengua. Dos candidatas a servir de origen a nosferatu son necurat (“sucio”, asociado generalmente con lo oculto) y nesuferit (“insufrible”). La forma determinada masculina nominativa de un sustantivo rumano en la declinación a la cual ambas palabras pertenecen se corresponde con la terminación ” - UL ", así que habría que hablar con propiedad del necuratul y el nesuferitul (traducibles como “el diablo” y “el insufrible”, respectivamente).