dijous, 11 de juny del 2015
Pre-putrescencia
dimecres, 22 de gener del 2014
Vivir la vida
dimecres, 24 d’octubre del 2012
Efecto placebo
dijous, 28 de juliol del 2011
El infierno está aquí
Hay pocas pesadillas parecidas a vivir en una ciudad como Barcelona, donde se gasta y dilapida lo que no está escrito con, por ejemplo, el maldito tren de alta velocidad, mientras se cierran ambulatorios y servicios de urgencias hospitalarios y se despide sin cesar a médicos y personal de enfermería. La situación es grave, casi límite, imposible entender por qué no estalla una rebelión. Falta poco.
dilluns, 21 de febrer del 2011
Desaparición
dimarts, 12 d’octubre del 2010
La lucha perdida
En cambio, la consciencia de la finitud puede sumir en el horror y el espanto porque uno no podría soportar hacer la mayoría de cosas que hace a lo largo de sus días sabiendo cómo acaba todo. Qué duro puede resultar, las más de las veces, el tener la sensación de "perder el tiempo" -en el mal sentido de esta expresión, claro, pues, se haga lo que se haga, el tiempo siempre se pierde-. La actitud pasiva, expectante ante el morir cotidiano puede ser desesperante, asfixiante y angustiosa. La certeza de que nos espera una eternidad de muerte puede sumergirnos en un abismo emocional de difícil salida (algunos opiáceos virtuales pueden ser de ayuda para pasar el tiempo... hacer un blog, sin ir más lejos, ver la televisión... aquí podríamos establecer jerarquías, claro está).
Una tercera vía podría ser la adopción de una actitud estoica, contemplativa. Digerir -cosa nada fácil- el destino fatal y el absurdo extremo de cualquier esfuerzo en esta vida y, pese a todo, disfrutar de esa lucha y admirar maravillados tantos sacrificios y peripecias titánicas para seguir adelante.
Hay algo grandioso en esa trágica lucha para quien lo sepa captar.
Escrito por Espectro X
diumenge, 26 de setembre del 2010
Sobre el mercado espiritual

La marca Osho se ha convertido en un imperio editorial, que publica cientos de recopilaciones de sus macarrónicos discursos en inglés. Ni una rupia se destina a obras de caridad. Aunque varias hectáreas de jardín, propiedad de la fundación, se abren a los vecinos unas pocas horas al día. También hay visitas guiadas de diez minutos, en estricto silencio, más que nada para que los indios vean que allí no se fornica al aire libre y grupalmente, como les gusta imaginar horrorizadamente. El punto culminante de la visita es el exterior de una pirámide negra -por fuera, aunque blanca por dentro- cuyo interior acoge las meditaciones de la tarde.
Para convertirse en sannyasin, o seguidor, aunque sea por un sólo día, es necesario comprar la túnica morada para los talleres diurnos y la túnica blanca para la meditación vespertina. Aunque a la discoteca nocturna se va con ropas de calle. Antes de las once, el ashram cierra sus puertas. En el apogeo de Osho, las túnicas eran, de hecho, naranjas, y luego el maestro suprimió su uso. La mayoría de las costumbres del ashram, así como el mismo nombre de Osho -efectiva marca global-, fueron introducidos cuando el gurú estaba más en el otro mundo que en este, a menos de seis meses de su muerte. Osho creía que alguien lo estaba envenenando, lo que creó un ambiente de caza de brujas dentro del propio ashram.
Hay que añadir que sólo se aceptan extranjeros con visado turístico -posiblemente para evitar que los periodistas metan las narices- y es imperativo pasar un test de VIH, aunque el ashram en sí ni siquiera tiene alojamiento. El lujoso hotel gestionado por la empresa Osho está algo apartado. Osho es un fabuloso negocio, aunque no se puede objetar que fuera más puro en vida del gurú. Si en algo destacó Rajneesh (pronúnciese Rachnish), luego Osho, fue en su proverbial instinto comercial y en su ágil adaptación a los cambios de gusto en la audiencia. Su discurso, siempre ecléctico, se volvió más jocoso, disparatado y posmoderno desde finales de los setenta.
Detengámonos en la jugosa personalidad de Osho. Para empezar, no era hindú, sino jainista. El jainismo es una religión contemporánea del budismo, con el que comparte algunos rasgos, aunque lleva al extremo algunos aspectos como la no violencia, el respeto por la vida (el vegetarianismo es estricto) y el menosprecio por los placeres mundanos. Pues bien, a pesar de estos antecedentes, Osho llegaría a ser conocido en India como "el gurú del sexo", por su desculpabilización del individuo y su sistemática denuncia de las represiones sociales. Aunque Osho, en realidad, había dicho que el sexo era algo estúpido y que lo que le interesaba era el silencio posterior al orgasmo. El vacío mental que es, no la condición previa para la meditación, ni el camino a la meditación, sino su objetivo último.
Osho nació en el culo de India, en una familia pobre de una aldea pobrísima, del miserable estado de Madhya Pradesh. Su ascenso hasta convertirse en la marca más cotizada del mercado mundial de la espiritualidad y presencia inevitable en las estanterías de autoauyuda es por lo menos digno de admiración. Su inteligencia no pasó desapercibida desde su infancia, que pasó con sus abuelos. Osho aseguraría luego que a los 21 años tuvo su iluminación, pero la verdad es que durante nueve años más continuó como oscuro profesor de filosofía en la no menos oscura localidad de Jabalbur. De ahí que sus discursos contengan menos referencias a la tradición india que Albert Camus, Bertrand Russell o Winston Churchill. Diríase que su meditación dinámica tiene menos que ver con la sabiduría de Oriente que con las experiencias teatrales de Grotowsky o Artaud. No siempre citados, la psicología de Freud y Wilhelm Reich está en la base de sus ideas -Viena más que Varanasi-, así como la filosofía de Nietzsche. La propia arquitectura de su centro de meditación no podría ser menos india y más miesiana (del Mies van der Rohe del Pabellón Alemán de Barcelona, del que toma hasta las sillas). Menos es más. También Rousseau o Voltaire pesan en su rechazo de las religiones organizadas (aunque codificó sus propias prácticas "liberadoras" y el culto a su personalidad).
Nada que objetar. También Gandhi, tenido como el indio y el hindú por antonomasia, es, si la vista no se deja engañar por el atuendo que adoptó y fue perfeccionando a partir de 1920 -cuando cambió los trajes y corbatas por un trapo-, una mezcla de oriente y occidente en la que pesan más el derecho británico, el Evangelio, Tolstoi y Thoureau.
Si se lee, por ejemplo, The inner journey, una de las recopilaciones de discursos de Osho, se halla una mezcolanza de verdades del barquero, chascarrillos y parábolas mediocres, útiles consejos para la meditación, reflexiones que han ayudado a mucha gente y simplificaciones del diván Oriente-Occidente.
Osho dijo también un montón de sandeces -recogidas por sus discípulos a partir de sus macarrónicos discursos en inglés, base de sus libros, ya que él nunca escribió-. Profetizó una tercera guerra mundial y el fin del mundo (del que se salvarían sus discípulos) para la década de los noventa [del siglo XX]. Dijo que la humanidad acabaría viviendo en ciudades submarinas. En cualquier caso, en el ambiente contracultural posterior al 68, flower power, Osho supo encontrar su segmento de mercado entre una juventud acomodada, ávida de bofetones a la autoridad tradicional y de exóticos atajos a la sabiduría. En este medio, su discurso de que el propio ombligo es el centro del cosmos había de encontrar necesariamente una audiencia. Obsérvese que esta no es la India del altruismo (concepto ajeno a India), sino la del masaje al ego y la salvación individual.
Su afabilidad, su aspecto a medio camino del profeta y del granuja, su barba mosaica y su mirada magnética encandilaron a miles de seguidoras y seguidores, a los que daba un nuevo nombre de pila. El maestro espiritual mimaba especialmente a los ociosos hijos de millonarios. La heredera de un naviero griego fue quien adquirió el terreno sobre el que se levanta el ashram de Pune. Por todo ello, Osho, el gurú con cara de sinvergüenza -para algunos, el gurú que parodiaba a los gurús- era conocido también como el gurú de los ricos. El mismo afán con el que construía una imagen mesiánica de sí mismo -emparentándose con Budha- Osho lo empleaba para denigrar a todas las vacas sagradas de India: Gandhi era "un masoquista" y "un pervertido". La Madre Teresa era "una charlatana" y "una hipócrita". Su relación con los movimientos hinduístas, que había sido óptima, se fue degradando. El gobierno indio retiró la exención fiscal de que gozaba su opulento movimiento sectario y le quiso cobrar los atrasos.
Agobiado por la presión, Osho hizo las maletas y abandonó el ashram de Pune en 1981, para instalarse en Oregón, EE.UU. Su rancho contaba con decenas de Rolls Royce, regalo de sus seguidores, que aspiraban a que Rajneesh-Osho pudiera ser conducido en uno distinto cada día del año: se quedaron en 92. Menos es más. Las relaciones con la comunidad austera, trabajadora y conservadora del lugar fueron pésimas desde el inicio para un vividor del tamaño de Rajneesh y su comitiva de porreros iluminados. Los miles de adeptos de Rajneesh pretendían cambiar el mapa político del municipio para imponer su ley, y para hacerlo más fácil, la dirección de la secta diseñó lo que podría ser calificado como un precursor atentado bioterrorista: la comida de varios restaurantes del lugar fue contaminada con cultivos de salmonela, para impedir que los parroquianos pudieran ejercer su voto. Más de setecientos fueron hospitalizados. A eso hay que añadir la masiva violación de las leyes de inmigración por parte de los adeptos y del mismo Osho.
La deportación de Osho era inminente cuando este fue detenido con más de un millón de dólares en joyas y en metálico a punto de volar a las Bahamas. Fue encarcelado y Osho se autoinculpó de delitos menores a cambio de no volver a EE.UU. en cinco años. Rajneeshpuram, la comunidad utópica de túnicas naranjas y Rolls Royce, fue desmantelada. No había sido su mejor época: parece que fue en Oregon donde Osho se convirtió en adicto al gas hilarante y al valium, se encerró, hizo voto de silencio y durante tres años sus alelados fieles se tuvieron que contentar con el darshan o visión del gurú montado en uno de sus Rolls Royce. Su secretaria -esposa del benefactor que compró el inmenso rancho por seis millones de dólares- tomó las riendas. Cuando Osho recuperó la palabra, la pugna entre ambos fue monumental, también por las cuentas en Suiza. Al jet en el que fue expulsado de EE.UU. con su círculo íntimo le fue impedido aterrizar o desembarcar en numerosos países, entre ellos España. Terminó regresando a sus orígenes de Pune. Aunque moriría poco después.
[Fragmento extraído de un artículo:"Osho, atentado contra la espiritualidad", Jordi Joan Baños (corresponsal de Nueva Delhi). La Vanguardia.es, 21/02/2010]
dilluns, 20 de setembre del 2010
Naufragio
Ser consciente de que sólo existe el presente puede ser insoportable. El tiempo no sólo vuela sino que es ocupado por mil y una estupideces que condenan a la asfixia mental, el aturdimiento sin esperanza ni salida.
¿Cómo escapar de este sufrimiento indecible y límite? Todo está en la cabeza y de ella no se puede salir. Uno no sabe quién o qué es, pero parece que ES. Uno es un ser irrepetible, esa parece la única certeza, y para muchos eso es hermoso y vital. No alcanzar nunca a ver esa hermosura; sólo sentir el vacío, notar el cuerpo que va degenerándose con el paso del tiempo.
Ser un perfecto desconocido para uno mismo, un náufrago que parece destinado a sufrir lo nunca escrito porque nada colma su insaciable hambre de vivir.
La vida debe de ser todo esto...
dijous, 15 de juliol del 2010
NOSFERATU

El significado original de la palabra nosferatu es difícil de determinar. No hay duda de que alcanzó difusión popular a través de la novela de Bram Stoker; Stoker halló el término en cierta obra del escritor y orador británico del siglo XIX Emily Gerard, quien la introdujo en un capítulo de su obra Supersticiones de Transilvania (1885) y en su crónica de viajes La tierra más allá del bosque (1888) (la “tierra más allá del bosque” es literalmente lo que significa Transilvania en latín). Se alude a ella simplemente como el vocablo rumano para designar al vampiro; Stoker empleó el término como un calco del inglés undead o no-muerto. Esta atribución es patentemente falsa, puesto que la palabra nosferatu carece de significado conocido (aparte del introducido por la novela y las películas) en ninguna fase histórica del rumano.
Una etimología alternativa sugiere que el término proviene originalmente de los nosóforos griegos (*νοσοφορος), es decir, de los agentes transmisores de enfermedades. Esta derivación podría tener sentido cuando se observa que en varias naciones de Europa Central los vampiros eran considerados difusores de epidemias. La película de Murnau incide particularmente en el tema de la enfermedad, y su creatividad como director pudo haber sido influenciada por esta etimología. Otra teoría sugiere que la palabra significa “respiración,” un derivado del spirare latino. Una posibilidad final es que la forma que Gerard ofrece sea un término rumano bien conocido pero mal transcrito, o posiblemente un mala interpretación de los sonidos de la palabra debido a la familiaridad limitada de Gerard con la lengua. Dos candidatas a servir de origen a nosferatu son necurat (“sucio”, asociado generalmente con lo oculto) y nesuferit (“insufrible”). La forma determinada masculina nominativa de un sustantivo rumano en la declinación a la cual ambas palabras pertenecen se corresponde con la terminación ” - UL ", así que habría que hablar con propiedad del necuratul y el nesuferitul (traducibles como “el diablo” y “el insufrible”, respectivamente).



