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diumenge, 6 d’abril del 2014

Un mundo feliz - microrrelato de torsofuck


Afuera chispeaba, por decir algo. Diez de la mañana. La camarilla de muchachos Borderline expectante. Cuando la doctora Tous entró, atrancaron la puerta y fue acorralada. La conminaron a desnudarse y arrodillarse para celebrar una ancestral ceremonia japonesa. La cubrieron toda de leche. Algunos no acertaron y eyacularon en el techo. Nadie podía derribar la puerta.

Los Borderline, no sin jolgorio, se comieron a la viscosa doctora. Y, súbitamente, entre ellos surgió la furia caníbal. Un magma de colmillos veloces engulléndose, casquería que se devoraba a sí misma. Cuando llegaron los bomberos, no había quedado ni rastro. Todo el hospital guardó silencio durante mucho tiempo y disimulaban silbando “Agua, azucarillos y aguardiente”.

Una noche, el intrigante doctor Dou, experto en ingeniería genética, con sigilo encontró un resto de la carnicería que había tenido lugar. Se trataba de un ano mongol, como un donut, pegado a la ventana. Lo guardó en su maletín y salió furtivo del hospital sin ser advertido. Su chófer le estaba esperando. Se dirigieron a la zona alta, donde el doctor Dou poseía un enorme laboratorio dentro de una insignificante mansión cerca de la Universidad de Miskatonic.

Trabajó día y noche en su nuevo proyecto. Cuando terminó, llamó a su mejor amigo, el doctor Ou. Dou extrajo con cuidado unos pergaminos guardados dentro del escritorio, los planos de una nueva criatura a partir del ADN del donut mongol.

-Fíjate, el diseño de una jirafa con una sola pata, alas de mariposa gigante Ornithoptera alexandere, y una cabeza de Jano de bronce. -¿No te parezco divino?

El doctor Ou, evasivo: “Hoy las ciencias adelantan / que es una barbaridad / ¡Es una brutalidad! /Es una bestialidad” (“A., a. y a.”).

Afuera empezó a tronar.


Microrrelato de: torsofuck


dilluns, 11 d’abril del 2011

Presente


Aunque fueras a vivir tres mil años y, en otras vidas, diez mil, recuerda, sin embargo, que nadie pierde otra vida que la que está viviendo, ni vive otra vida que la que está perdiendo. Por tanto, van a parar a un mismo punto lo que es largo y lo que es corto. En efecto, el presente es igual para todos, y, por tanto, lo que se pierde también es igual, y lo que se deja atrás aparece como un simple instante. De hecho, nadie puede perder ni el pasado ni el futuro. Porque lo que no se tiene ¿cómo alguien nos lo podría quitar?

Así pues, ten siempre en cuenta estas dos cosas. En primer lugar, que todas las cosas, desde la eternidad, tienen un aspecto idéntico, que se repiten cíclicamente y que en nada difiere que uno las vea durante cien años, doscientos o un tiempo infinito. En segundo lugar, que el que ha vivido mucho tiempo y el que morirá más pronto tienen una pérdida idéntica. Y es que solo hay un presente del cual uno puede ser desposeído, porque este es el único que uno tiene, y nadie puede perder aquello que no posee.

Marco Aurelio:  Meditación n.14. Libro II (Meditaciones II).


[Marco Aurelio. Meditaciones: traducción/adaptación al castellano por Espectro X de la traducción catalana del original griego. Marc Aureli. Meditacions. n.14, Med. II. Llibres de l´Índex. Traducción al catalán de Joan Alberich. "Preferible" a la versión castellana de Alianza Editorial, de Bartolomé Segura Ramos (Clásicos de Grecia y Roma). La mejor traducción al español es la publicada en editorial Gredos (1983), de Ramón Bach Pellicer]

dilluns, 20 de setembre del 2010

Naufragio

Una confusión incomprensible asola el alma... La angustia indescriptible y el horror de sentirse vivo, de palparse el rostro por las mañanas ante el espejo... La radical consciencia de la futura (o inminente) muerte y de que nada quedará de uno... De que el paso por el mundo puede resultar como mínimo absurdo, delirante, las más de las veces grotesco, gris y sinsentido... Una caótica suerte de interferencias, de instantes fugaces, que terminan en una difusa nada que se desvanece. Y pese a todo continuar en el día a día, la carrera hacia ninguna parte. Saber que lo único que queda es el ahora... No cabe esperar nada. Qué difícil soportar el estar vivo sin percibir el sentido de ello. La inmediatez de todo se escapa...

Ser consciente de que sólo existe el presente puede ser insoportable. El tiempo no sólo vuela sino que es ocupado por mil y una estupideces que condenan a la asfixia mental, el aturdimiento sin esperanza ni salida.


¿Cómo escapar de este sufrimiento indecible y límite? Todo está en la cabeza y de ella no se puede salir. Uno no sabe quién o qué es, pero parece que ES. Uno es un ser irrepetible, esa parece la única certeza, y para muchos eso es hermoso y vital. No alcanzar nunca a ver esa hermosura; sólo sentir el vacío, notar el cuerpo que va degenerándose con el paso del tiempo.

Ser un perfecto desconocido para uno mismo, un náufrago que parece destinado a sufrir lo nunca escrito porque nada colma su insaciable hambre de vivir.

La vida debe de ser todo esto...

dijous, 15 de juliol del 2010

La acción única

Al caer la noche dice una voz
en cables y antenas (aunque no para el oído,
caracola susurrante del tiempo,
ni en lengua alguna): "Adelante, vosotros
que creéis viajar; no sois quienes el puerto
vieron alejarse, ni los que han de desembarcar.
Aquí, entre ésta y aquella orilla, mientras está
el tiempo ausente, considerar el porvenir
y el pasado con ecuanimidad.
En el momento que no es de acción ni de inacción
podéis recibir esto: La conciencia del hombre en cualquier esfera del ser, puede estar alerta, a la hora de la muerte; ésta es la acción única
(y todo momento es el momento de morir)
que dará fruto en las vidas de otros:
no penséis en el futuro de la acción.
Adelante.

[...]

[extraído de: T.S. Eliot. "Las Dry Salvages", fragmento p. III, Cuatro Cuartetos. Cátedra. Letras Universales]