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dijous, 25 de novembre del 2010

Isla

Una angustia lo disuelve todo súbitamente. Se apagan las luces. Silencio. No sabe uno para que creó el blog, sin embargo continúa con él. ¿Inercia? ¿Necesidad de recibir unos golpecitos en la cabeza? ¿Afán de reconocimiento? ¿De qué? ¿Para qué? ¿Fama? Ni hablar. Los blogs son como voces en el desierto que gritan, almas desesperadas que lloran. ¡Aquí estoy!, ¡soy yo! ¡Leedme! ¡Mirad mis cosas!

Esto no es más que un torrente fanático y grotesco de catarsis histérica, una catarata de energía volcada en las entradas. No importa que nadie vea lo que uno publica ¿o sí?

Miles de blogs. Pocos leen y ven en realidad el contenido de los otros blogs. Esto es como una conversación sorda: escuchar, más bien hacer ver que se escucha, sólo para colocar el propio mensaje. Hay que dar apariencia de diálogo. Pero no cuela, no. Esto es una comunión de soledades. Egos rotos en un trip de comunicación-incomunicación. No importa lo que digan o escriban los demás en sus blogs. A uno le importa su blog, su ego, sus cosas. Uno deja mensajes en otros blogs para que le respondan, no porque le interese lo que lee o ve en el otro blog. Así, la mayoría de veces.

Pese a todo, continuaremos, como Sísifo, en esta isla medio auténtica, medio falsa, en un mar de vacío como es la Red.

[Escrito por Espectro X]

dijous, 30 de setembre del 2010

El tormento es gozo

Al tomar conciencia de lo absurdo, uno pasa a quedar atado a él para siempre. Los dioses condenaron a Sísifo a empujar una roca eternamente hacia lo alto de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Pensaron, con cierta razón, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. Aferrarse demasido a la vida nos arrastra a este suplicio en el que todo el ser se dedica a no rematar nada.

La persona que trabaja todos los días, en las mismas tareas durante toda su vida, tiene un destino igual de absurdo. Pero hay que ser consciente de ello, entonces se abre la tragedia: conocer esa miserable condición en toda su amplitud. La clarividencia de ese tormento puede dar, pardójicamente, un poco de luz. Hasta se puede gozar del tormento. Así, uno se acostumbra a pasar 8 horas diarias de su vida en el lugar de trabajo y hasta se lo puede pasar medianamente bien. La roca -angustia- es demasido pesada de llevar: las verdades aplastantes desaparecen al ser reconocidas.

La felicidad y el absurdo son dos hijos de la misma tierra. A veces, hasta el sentimiento absurdo nace de la felicidad. El hombre absurdo dice sí y su esfuerzo no cesa nunca. En la lucha atormentada puede estar la dicha.