dimecres, 9 de març del 2011

Inhuman serie

                                                         

dimarts, 1 de març del 2011

Tránsito


El metro va atestado de personas. La situación, no por familiar, resulta menos pintoresca. Una chica iracunda martillea su móvil con los dedos de sus dos manos, parece poseída. Está de pie, en un vagón, rodeada de desconocidos. Mira la pantalla del teléfono, la frota con los dedos sin cesar, ahora sube, ahora baja, movimiento lateral... ya, perfecto, pulsa la definitiva tecla y reposa al fin. Un extraño espectáculo contemplarla y ver su aislamiento con el cachivache. Ninguna sorpresa. Un chico paquistaní que se encuentra al lado de la joven, también de pie, la mira fijamente con una sonrisa entre sádica y cariñosa. De pronto, estalla una música entre clásica y vodevilesca que viene de un extremo del vagón. Unos rumanos se acercan con un carrito sonriendo y pidiendo limosna con un vaso de plástico blancuzco y roído. Una mujer entrada en años los mira de soslayo con cara de asco mientras contempla embelesada a una niña rubita de ojos azules. Qué gente tan repulsiva, debe de pensar. Los olores, estímulos y miradas se entrecruzan en una orgía de sensaciones. Es una coreografía cambiante que no cesa, donde circulan los más diversos actores. La escena consiste en un tránsito continuo de desconocidos que se cruzan, se confunden, entran, se van, todo ello aderezado con ruidos mecánicos, flatulencias, carcajadas, tonos de móvil y voces que articulan frases indescifrables. Se tiene en estos casos una sensación borrosa, que se intensifica cuando uno abandona el metro. La cabeza está llena de caras que han irrumpido en ella sin permiso, de estímulos extenuantes que la han sumido en un estrépito inútil. Una molesta resaca le invade a uno entonces cuando sale a la calle tras abandonar el recinto del metro. La cabeza todavía se halla sumida en la confusión de estímulos y de repente choca con nuevas sensaciones: el aquelarre de las calles se precipita en ese instante sobre uno, como un tráiler sin frenos que nunca le acaba de atropellar. Ruido, coches, luces, letras por todas partes, caras... Al llegar a casa, uno está cansado, tremendamente cansado de esos estímulos aguijoneantes. ¿Vivir cada día así, en esta borrachera o delirio constante y sin cesar, qué significa? Hay que pasar página. Si el cerebro aún tiene cuerda para pensar, lo mejor, para evitar males mayores, es encender la tele o el ordenador (si es que se ha apagado) y empezar a relajarse y a dormitar. Hay que apagar la luz. Otro día.

dilluns, 21 de febrer del 2011

Desaparición


No logra el alma sobreponerse a la congoja en que la sumerge el discurrir de la existencia y el paso anodino de los días. La vida adulta uno a veces la percibe como una aceptación de la derrota absoluta, la asunción "positiva", en el mejor de los casos, de la aniquilación de cualquier ilusión o expectativa que pudiera haber germinado en una edad temprana.

Desde hace ya tiempo se puede sentir una profunda náusea por lo que implica ser adulto (encontrarse en un estadio intermedio de la vida). Los lugares comunes de la vida adulta podrían ser, entre otros: tener una pareja o construir una familia, traer hijos al mundo, sufrir un divorcio las más de las veces, el consumismo antifrustración (que dura lo que dura la compra), tomar tranquilizantes o hacer yoga... ah, o bien ingerir flores de Bach (y toda esa parafernalia new-age: el gran negocio construido para lobotomizar a las personas que han perdido el rumbo -la mayoría-; se habla aquí de un perfil más o menos acomodado económicamente: podría ser peor claro), hacer actividades (bailes de salón, coleccionismo, chats de amig@s, cursillos de lo que sea con-tal-de-pasar-el-tiempo: de ouija, de cocina cantonesa, de fotografía; el Photoshop que no falte...), hacer blogs para no se sabe qué... Lo que sea con tal de tapar las grietas que se van abriendo ya definitivamente, y que "harán compañía" hasta la tumba.

Cuando uno "ha cumplido" su función biológica -la reproducción-, lo que viene ya es de regalo. Luego están las personas que, por lo que sea, no han realizado ni esta básica función natural: no hay problema, queda la cultura -internet ("un instrumento de" no "un fin en sí"), libros, música, cine, teatro, maratones populares, circo...-, viajar, etc., como sustitutos en la sociedad civilizada y del espectáculo.

Pero ya no queda más. Y entonces emerge el tema "preferido" y que tanto tortura a la mayoría: "has triunfado en la vida" (creerlo es básico, porque otra cosa... , y también que los demás lo crean) o "has fracasado" (y que la persona haga suyo este pensamiento). Es el momento del balance. Tras este, lo que sigue es un ir perdiendo las fuerzas paulatino, un proceso gradual de desconexión sobre cómo funcionan las cosas en el mundo (cada vez se entiende menos por dónde van los tiros en los más diversos aspectos de la realidad), seguramente debido a la atrofia cerebral progresiva por la pérdida de neuronas, y también a causa de la falta de interés. Queda entonces ver el relevo de los jóvenes que continúan el ciclo de la vida.  Y claro, la lucha por evitar el propio deterioro físico; el miedo al dolor y a la muerte se convierten en una obsesión para muchos. Y no es de extrañar. Esto se acaba y uno ni se entera con tanta tele, tanto internet, tanto trabajo, tantas distracciones...

En el mejor de los casos, se puede aspirar a dejar una pequeña huella personal antes de la muerte, intentar dejar alguna señal de nuestro paso por el mundo [¿para qué? ... mejor no seguir por este sendero, cada uno debe de tener su propia visión sobre este particular] a las futuras generaciones.

Pero las más de las veces quedará nuestro paso en un olvido absoluto (se puede revisar lo que ha hecho uno con el recuerdo de sus familiares o amigos muertos para saber lo que le espera). La desaparición es, pues, el futuro, y quizá sea mejor así.

Seguramente, lo peor es no saber por qué caímos en el tiempo. por qué estuvimos transitoriamente en este misterio que es la vida. Pero para cuando vengan estas ideas angustiosas a la cabeza, siempre podrá encenderse la tele (si quedan fuerzas) o bien abrir una libreta polvorienta y llena de recuerdos e ilusiones perdidas para pasar el tiempo leyendo.

diumenge, 13 de febrer del 2011

La morada fuera del tiempo - I

II

III

IV


V

VI

VII

VIII

IX

X

XI

XII

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

XXI

XXII

XXIII

XXIV

XXV

XXVI

dimarts, 8 de febrer del 2011

Odas de Ricardo Reis (fragmentos) - Fernando Pessoa


 Unos, con los ojos puestos en el pasado,
ven lo que no ven; otros, fijos
los mismos ojos en el futuro, ven
lo que no puede verse.

¿A qué buscar tan lejos lo que está tan cerca,
nuestra seguridad? Este es el día,
esta es la hora, este el momento, esto
es lo que somos, y no hay más.

Perenne fluye la inacabable hora
que nos proclama nulos. En el mismo trago
en que vivimos moriremos. Coge 
el día, otra cosa no eres.

Súbdito inútil de astros dominantes,
pasajeros como yo, vivo una vida
que ni deseo ni amo,
mía porque soy ella.

...

Viven en nosotros innumerables;
si pienso o siento, ignoro
quién es el que piensa o siente.
Soy solamente el lugar
donde se siente o piensa.

Tengo más almas que una.
Hay más yos que yo mismo.
Existo sin embargo
indiferente a todos.
Los hago callar: yo hablo.

...

Cada uno cumple el destino que le cumple,
y desea el destino que desea;
ni cumple lo que desea,
ni desea lo que cumple.

Como a las piedras en el borde de los bancales
el Hado nos dispone, allí quedamos;
que la Suerte nos puso
donde habíamos de serlo.

No tengamos mejor conocimiento
de lo que nos cupo en suerte que de que nos cupo.
Cumplamos lo que somos.
Nada más nos es dado.


[Fragmentos extraídos de: Fernando Pessoa. El misterio del mundo. Antología, selección y traducción de José Luis García Martín. Colección Orfeo. Paréntesis Editorial, ed. 2009.]

dimarts, 1 de febrer del 2011

My Chemical Romance



[Me mantengo al margen de polémicas extrañas góticos vs. emos y cosas de este tipo. Uno ya tiene cierta edad. Me quedo con la canción, del resto prescindo.]

dimecres, 26 de gener del 2011

Presencias vegetales

diumenge, 23 de gener del 2011

Zombis y nazismo

¿No serán los zombis una representación apocalíptica de los desposeídos de la sociedad (pobres, marginados, indigentes, drogadictos, inmigrantes, etc.), ante los cuales se puede ejercer la más tremenda de las violencias? "No son humanos", se dice y se insiste sobre los zombis, a pesar de que tienen olfato y comen (carne humana, o eso intentan, pues no pueden digerir nada con su cuerpo reventado y desmembrado en mayor o menor medida -¿alguien recuerda a los supervivientes de los campos de exterminio nazis cuando fueron liberados?-) y de que su apariencia es casi-humana aunque repulsiva... Su manera de moverse puede parecer la de unos yonkis colocados que deambulan, la de enajenados y hambrientos en la indigencia... Seres que dan miedo y producen repulsión a una sociedad cada vez más deshumanizada y paranoica. Pues bien, estas palabras, "No son humanos", son las mismas o similares a las que en otro tiempo usaron los nazis para acabar con los "diferentes": judios, gitanos, retrasados mentales, enfermos, homosexuales, etc.

Si uno se fija bien, los zombis constituirían a la masa que deambula por las calles en la exitosa serie televisiva The Walking Dead, y los pocos supervivientes serían "la minoría", los escogidos, los supervivientes. ¿No serán los zombis la imagen infernal de la pobreza y de la marginación que se quiere instalar en el inconsciente colectivo en este contexto que vivimos de crisis brutal económica planetaria? ¿No se estará preparando el terreno en el inconsciente de las personas para la posibilidad de ejercer una violencia ilimitada y exterminadora hacia los diferentes, en este caso representados como muertos vivientes? Estos diferentes serían los desposeídos en una sociedad como la nuestra sumergida en el infierno del capitalismo financiero actual, los desechos de la crisis, el escalafón más bajo, los parias, ante una minoría, la de los más fuertes, en el sentido darwinista-económico. Esta élite de escogidos tendría carta blanca para exterminar a esa horda de monstruos inhumanos... Pero esos monstruos... ¿no son quizá la encarnación simbólica de lo que no quiere ver y le da asco a la sociedad, y cuyo aumento exponencial, a medida que el darwinismo económico va imponiendo planetariamente su ley, es ya una realidad? Drogadictos, pobres buscando comida en las bolsas de basura, inmigrantes, "diferentes" en definitiva... ¿Ese chivo expiatorio no será el que personifican los zombis de una manera amplificada y terrible?

Si, por ejemplo, en George A. Romero los zombis encarnaban a unos alienados que deambulaban en un supermercado en El Amanecer de los muertos en 1978 en el subcontexto del consumismo y materialismo norteamericanos, haciendo celebre la frase "Cuando no quede sitio en el infierno, los muertos caminarán sobre la Tierra", los zombis de la era proto-neo-nazi actual son bestias inmundas que hay que EXTERMINAR para salvar a los respetables supervivientes, sin más mensaje ni más ideas que "o ellos o nosotros". Mensaje nazi donde los haya si uno se para a pensar un poco.

Puede parecer descabellada, pero esta idea le ronda a uno por la cabeza ante el éxito sin precedentes de lo zombi en el contexto de crisis económica que hoy asola el mundo. "O ellos o nosotros"; "Los que no tienen contra los que tienen". Sería algo así como una guerra brutal y postmoderna de clases que desembocaría en una especie de solución final apocalíptica.

De momento, y para tranqulidad de la mayoría, dejémoslo en que el fenómeno zombi sólo constituye una "extraña" y singular forma de catarsis colectiva, un fenómeno donde volcar la rabia y el odio que llevan muchos dentro...

divendres, 21 de gener del 2011

Bauhaus

Lacrimosa

Efecto nocturno - Paul Verlaine


Noche. Lluvia. Un cielo lívido, acuchillado
Por mil flechas y torres al recortarse
Una ciudad gótica esfumada en la lejanía gris.
La llanura. Una picota con ahorcados ya resecos
Y que el pico ávido de las cornejas pone en movimiento,
Parecen bailar inenarrables danzas en el aire oscuro
Mientras sus pies se ofrecen al hambre de los lobos.
Hay algunas matas de espino y de acebo
Con su horrible follaje ampliamente esparcido
Sobre escenas fuliginosas de un difuso decorado.
Allí van tres prisioneros, macilentos
Y descalzos, escoltados por fornidos guardias
Cuyas lanzas y alabardas, cual pico de rastrillos,
Contra las lanzas del aguacero centellean.


[Extraído de: Paul Verlaine, Poemas saturnianos (1866) incluido en Poesía. Ed. de Jacinto L. Guereña. Colección Visor de Poesía, 2007.]

dijous, 20 de gener del 2011

*El sueño americano*

El contenido de estos vídeos puede resultar desagradable, dada su crudeza. En el primero destaca el contraste entre la maravillosa canción del grupo neoyorquino Suicide "I surrrender" y las imágenes del filme. El segundo vídeo pertenece a la película de culto Elephant, de Gus Van Sant.


dimarts, 18 de gener del 2011

Tim Burton: cine fantástico y gótico

Lector de Edgar Allan Poe, apasionado por la ciencia ficción y el cine de monstruos de las más distintas épocas, TIM BURTON creó un estilo propio a partir de su imaginación delirante y una empatía especial con personajes que han sido excluidos de la sociedad. Estos tienden a ser parias sociales, y son usualmente tímidos, con una complexión pálida y alocado cabello negro, similar al suyo. Suelen ser altos y estilizados, de extremidades finas y alargadas, con unos ojos muy expresivos. Este hecho se acentúa gracias a que muy a menudo muestran unas grandes ojeras, como si no hubieran dormido (por ejemplo, Edward Scissorhands, Sweeney Todd, Katrina Van Tassel, etc.). Se trata de un rasgo que el propio director acostumbra a llamar "estilo cine mudo". Otro aspecto típico que los caracteriza es su boca pequeña.

Su estilo y temas visuales están influenciados por las películas de horror de la década de 1920 a 1930, especialmente aquellas de James Whale y F.W. Murnau, junto con las películas del expresionismo alemán. Las ilustraciones de Edward Gorey son otra influencia, mientras que el motivo de cadáveres de Burton parece mostrar influencias del artista Edward Burra. A su vez, en sus obras se ve la influencia del Dr. Seuss y de las películas de Víctor Moll, en especial Las aventuras del Baron Munchaussen.

La gama de color predominante en sus películas es de dos tipos: 1) siniestra - negros, índigos (un color entre violeta y morado: llamado añil también), verdes, rojos, grises (por ejemplo, Edward Scissorhands, Batman); 2) fantástica - usando tonos pasteles y blancos contrastados con colores primarios (Charlie y la fábrica de chocolate, Mars Attacks!).

Por otra parte, cabe destacar la influencia que ha ejercido sobre TIM BURTON el director de animación checo Jan Svankmajer, autor que destaca por su trabajo con muñecos y que usa la "técnica del stop-motion", que consiste en aparentar el movimento de objetos estáticos por medio de una serie de imágenes sucesivas.

Desde el inicio de su carrera se acercó a temas que ocuparía a lo largo de su filmografía: historias góticas, fantásticas, románticas, de horror, mitos, etc., prestando siempre una atención especial al decorado, a una dirección de arte impecable.

Una de las películas que le valió sus primeros reconocimientos fue Bettlejuice (1988). La estética macabra del filme fue uno de los motivos por el que fue elegido para llevar a Batman al cine. La primera y la segunda parte fueron una muestra de su capacidad para dar vida a personajes oscuros y únicos.

Así, en 1991 nacerá el más reconocido de ellos: Eduardo Manostijeras. Este Frankenstein moderno, con sus manos de tijera, encarnado por Johnny Depp, conmovió profundamente a los cinéfilos. En esta película, la estética visual alcanza un nivel superior, la composición de color, el diseño de los lugares y la interiorización de los personajes la convierten en una obra de culto.

Luego, Burton dará vida a sus proyectos de animación, entre ellos Pesadilla antes de Navidad, la historia del rey del Halloween, tratando de convertirse en Papá Noel. Una historia poco comprendida por la crítica, pero alabada por los seguidores de la animación.

Más tarde se ocupará de adaptaciones literarias y reediciones, entre ellas: El planeta de los simios, El jinete sin cabeza y Charlie y la fábrica de chocolate, con Johnny Depp como actor principal.

La filmografía de Tim Burton como director es la siguente:

La Gran Aventura de Pee-wee (1985)
Beetlejuice (1988)
Batman (1989)
Edward Scissorhands (1990)
Batman Returns (1992)
The Nightmare Before Christmas (Producción Tim Burton) (1993)
Ed Wood (1994)
Mars Attacks! (1996)
Sleepy Hollow (1999)
El Planeta de los Simios (2001)
Big Fish (2003)
Charlie y la Fábrica de Chocolate (2005)
Corpse Bride (2005)
Sweeney Todd. El barbero demoniaco de la calle Fleet (2007)
Alicia en el país de las maravillas (2010)
Frankenweenie (2011) - Remake en fase de pre-producción
Dark Shadows (2011) - (Aún no confirmada)

[Elaboración propia y Fuentes diversas: Wikipedia entre ellas.]


dimecres, 12 de gener del 2011

Orgía zombi


Con motivo del inicio de la serie The Walking Dead en televisión española, uno se pregunta a qué viene esta obsesión o fascinación por los muertos vivientes y qué sentido puede tener. Sin duda, no estamos hablando de un fenómeno nuevo, sino que hay que remontarse al pasado. Ya en el año 2003 se publicó en EEUU The zombie survival guide, editada y publicada en España como Zombie - Guía de superviviencia en el año 2008. Se trata de un manual de superviviencia ante la posibilidad de una invasión de zombis. Max Brooks establece en el libro planes detallados para el ciudadano común a fin de poder sobrevivir a los zombis. Del mismo autor tenemos también la novela de terror World War Z: An Oral History of the Zombie War (EE UU, 2006), editada en castellano como Guerra mundial Z: Una historia oral de la guerra zombi, que relata una, "por suerte", ficticia guerra mundial contra los zombis. La novela se presenta como un conjunto de entrevistas a los supervivientes, agrupadas en capítulos y presentadas cronológicamente. Cada capítulo hace referencia a una gran época del conflicto, desde la aparición del "paciente cero" hasta el fin de la guerra, una década después.

La fascinación por los muertos vivientes, pues, viene de lejos. El primer exponente del género zombi en el cine lo encontramos en la película White zombie ("La legión de los hombres sin alma"), dirigida por Victor Halperin y protagonizada por el gran Bela Lugosi allá por 1932. Este género llega a su consagración con la obra maestra Night of the Living Death ("La noche de los muertos vivientes"), dirigida por George A. Romero en 1968.

En los últimos tiempos, cabe destacar las increíbles variaciones que sobre la temática zombi se han llevado al cine, como el filme 28 días después (dirigido por Danny Boyle, 2002), y su secuela -mejor quizá- 28 meses después (dirigido por Juan Carlos Fresnadillo, 2007). La innovación de estas películas es que los zombis corren como locos poseídos y no deambulan erráticamente. El resultado es: TRE-MEN-DO. Hay otros ejemplos menos afortunados del género en los últimos años, como El amanecer de los zombis (2005), dirigida por Michael Hurst. Primero fueron los zombis lentos y torpes romerianos, luego los zombis veloces; en esta entretenida pero floja película de Hurst aparecen lo que podríamos denominar "zombis epilépticos". Ya no son ni veloces ni torpes: aquí los muertos vivientes van andando con espasmos superexagerados: la carcajada del espectador está asegurada.

Sin embargo, de lo que se habla aquí es del tremendo esplendor que los muertos vivientes "han vivido" en los últimos años [y siguen viviendo: "parece que nunca mueren"], bien sea a través del cómic (con el gran ejemplo de The Walking Dead [cómic de culto que empezó a "andar" allá por 2004 y que continúa hoy en día en pleno apogeo], con guión de Robert Kirkman y dibujo de Tony Moore al principio y del gran Charlie Adlard después, y cuya adaptación para serie de TV llegó ayer a las pantallas españolas), de las marchas zombis (zombie walks) que se celebran periódicamente allende fronteras expandiendo su fascinante embrujo, a través de libros, videojuegos... y, claro está, mediante la serie televisiva The Walking Dead, recientemente estrenada en España.

¿Qué está pasando? ¿A qué se debe esta pasión por el mundo de los zombis y, en general, por el género apocalíptico en sus más diversas manifestaciones? ¿Se trata de un frikismo pasajero? Si se mira con frialdad, hay que pensar que sí. Sin embargo -alienaciones y delirios frikis aparte-, hay algo sintomático e inquietante tras esta primera reflexión. ¿Por qué se elige a los muertos vivientes?

Etnobotánicos y antropólogos han investigado informes de casos de “zombificación” en Haití, señala Dendle, autor de la Enciclopedia del Cine de Zombies y profesor asociado de inglés en Mont Alto, en el Estado de Pennsylvania (EEUU). Estos científicos han encontrado que algunos curanderos tradicionales y practicantes de vudú en esta isla producen un “polvo zombi” usando tetrodotoxina, una neurotoxina muy potente encontrada en el pez globo. La tetrodotoxina es tan venenosa que, según se informa, la cantidad encontrada en un sólo pez globo puede matar a 30 personas. La muerte ocurre por el cese de las señales eléctricas en los nervios, conduciendo a una parálisis muscular y fallo respiratorio.

En Japón, el fugu, la carne del pez globo, es un manjar muy cotizado, aunque puede ser letal si se prepara de manera incorrecta. El sesenta por ciento de las víctimas envenenadas por el fugu mueren en horas. Si una víctima sobrevive más de 24 horas, se espera que él o ella se recupere. Pero debido a que el veneno de la tetrodotoxina puede inducir a las personas a un estado similar al del coma pareciendo un muerto (mientras el enfermo permanece totalmente consciente pero completamente paralizado), hay historias de algunas víctimas del fugu siendo sacadas de sus ataúdes después de 3 días a fin de verificar su muerte.

Dendle cree que centrarse en si los zombis podrían existir evita el problema real. “Digamos que este estado a lo mejor ha ocurrido unas pocas veces en la historia, quizá una vez cada generación”, propone. “Lo más interesante es la importancia de la historia como un artefacto cultural, la forma en la que nosotros configuramos nuestras comunidades y moldeamos nuestras conductas basándonos en esta serie de historias”.

“La cosa que da miedo es esta idea de entropía, de que es contagioso”, dice Dendle. “Ellos te muerden y entonces tú mueres y te conviertes en zombi, por lo que va a extenderse. Esto se convierte en un Armagedón global con sólo un puñado de supervivientes intentando escapar. Pero no puedes estar luchando en esta ardua batalla contra un adversario exasperantemente implacable”.

Los zombis de las películas pinchan en nuestros temores apocalípticos y preocupaciones muy eficazmente”, continúa Dendle. “Ellos quitan romanticismo a las uniones entre los seres humanos y reducen la humanidad al menor común denominador, centrándose en las relaciones de poder en sus formas humanas más brutales. Esto es: “Ejerceré mi voluntad sobre ti”. Es muy nietzscheano”, según explica el experto en temática zombi.

Desde La Noche de los Muertos Vivientes, el zombi ha sido usado como una alegoría de la sociedad enferma. En la secuela de 1979 de Romero, El Amanecer de los Muertos [no confundir con la versión de 2005 antes mencionada], muchos ven una crítica al capitalismo, con zombis vagabundeando alrededor de un centro comercial, el lugar que más recuerdan de sus vidas, arrastrando sus pies al pasar por un escaparate aturdidos. Dendle también ve cómo en las películas de miedo usan al zombi como un barómetro de nuestras inquietudes culturales.

“Nosotros estamos a la defensivatodos son enemigos, amenazas; dispara primero, pregunta después”, dice. “Pueden parecer agradables, pero nunca sabes si son unos zombis o no, tan sólo tienes que actuar como si lo fueran hasta que sepas que son diferentes. El zombi de las películas desempeña en gran parte este papel y los personajes son examinados en este paranoico y defensivo camino”.

El zombi [el clásico] es lento, mecánicamente inepto, apenas puede usar herramientas, es un ludita [de ludismo], es tecnológicamente deficiente”, explica. “Pienso que esto es exactamente parte del tema: que esta generación saturada de tecnología se ha fijado en esta criatura específicamente porque hay tanta fascinación como repulsión. Debe haber algo visceralmente satisfactorio en la simplicidad del ansia e impulsos de los zombis. Y nosotros, además, debemos encontrar algo inaceptable en esto, sobre la conducta general, como lo lentos que son y lo mayores que parecen”.

Quizá lo que es más espantoso de los zombis es que, al contrario que la mayoría de las criaturas en las películas de terror, el zombi está en nosotros.

“Al contrario que los alienígenas del espacio o los demonios, los zombis parecen gente enferma”, reconoce Dendle. “Ellos parecen enfermos, insanos, intrusos contagiosos. Y pese a todo humanos. Por esto causan ese efecto en este sentido”.

Sea como fuere, el caso es que la adaptación televisiva del cómic The Walking Dead [de Robert Kirkman] ya es un hecho en España y un fenómeno global.

Podríamos quedarnos con las palabras del propio Kirkman a modo de conclusión: "Es decepcionante el hecho de que todas las películas que giran en torno a los sucesos apocalípticos que incluyen zombis siempre tengan un final, o una clara explicación de lo sucedido, restándole esto credibilidad a la situación, puesto que, en caso de ocurrir algo parecido, sería el caos lo que gobernaría y delimitaría la situación aunado a la tensión y sentimiento de desamparo que implicaría el desconocimiento de las razones que han llevado a la situación en cuestión". [El sentimiento parece el mismo que el que nos ha provocado la crisis económica global pero a otro nivel: desnudos y desamparados nos encontramos en manos de una bestia invisible llamada mercado. No hay que olvidar, sin embargo, que somos afortunados los que vivimos en el Primer Mundo: países y continentes enteros nunca han salido del más horrendo de los apocalipsis: Sudáfrica, Haití, etc.]

O tal vez con estas otras, que aparecen en la contraportada de los álbumes de la colección Los Muertos Vivientes:

"¿Cuántas horas al cabo del día pasas viendo la televisión? ¿Cuándo fue la última vez que cualquiera de nosotros DE VERDAD hizo algo para conseguir lo que quería?

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que cualquiera de nosotros NECESITÓ algo de lo que QUERÍA?

El mundo que conocíamos ya no existe.

El mundo del comercio y las necesidades superfluas ha sido reemplazado por un mundo de superviviencia y responsabilidad.

Una epidemia de proporciones apocalípticas ha barrido la Tierra haciendo que los muertos se levanten y se alimenten de los vivos.

En cuestión de meses la sociedad se ha desmoronado, sin gobierno, sin supermercados, sin correo, sin televisión por cable.

En un mundo gobernado por los muertos, por fin nos vemos obligados a EMPEZAR A VIVIR."



[Elaboración propia y Fuentes consultadas: James Conroy. Why are we so fascinated with zombies?, Adaptación al español de Ángela Hermán, ¿Por qué nos fascinan tanto los zombies?, 2007, Pensamiento Crítico. Wikipedia. Los Muertos Vivientes. v4, R. Kirkman y cols. Planeta DeAgostini 2006]

dilluns, 10 de gener del 2011

Rammstein

Nada

La nada nadea, y exhausta, se contornea. Algo que decir. Nada que decir. Palabras y más palabras. Un fuego incesante bulle en la cabeza y va a estallar en breve. Solo hay que empezar a pensar lo impensable y entonces las cosas cobrarán algún sentido. Desaprender lo aprendido. Eso es todo, eso es nada. Exhausto, el discurso se contornea. Que acabe aquí este suplicio. ¿Qué suplicio? Lo siento, lo noto. No se puede describir. El silencio corta más que las palabras. Una infinita e inexplicable agonía asola mi alma. No hay respuesta a esta cobardía. Pasan las horas, los días. La vida parece una enfermedad desde que perdí la serenidad. Inútil la lucha. A mi alrededor, el ruido y la furia. Ni un instante de pausa. Para qué, por qué. Nada que decir. Decir la nada. Solo decirla. Solo.

divendres, 31 de desembre del 2010

Atrapado

Un día frío y humedo, una lluvía fina, la calle y sus aceras mojadas, al abrir la puerta. Un desagradable dolor en todo el cuerpo me recuerda que existe algo aparte de mi cabeza. No pienso nada en concreto, casi nunca. Mi mente está sumergida en un encadenamiento de estimulos internos y externos que no me permite ver. Sería mejor no haber salido de casa. ¿Por qué lo hice? Sería mejor no haberlo hecho. Me limito a seguir, pese a que no quiero. Es el estéril morir cotidiano, no cabe duda: esa idea tan manida vuelve una y otra vez a mi cabeza. Miro a la derecha: mujeres mayores cargadas con pesos tremendos, niños con patinete, una mulata entrada en carnes habla a voz en grito con un chico negro de grandes labios que también vocifera: están el uno al lado del otro. Nada nuevo. Miro a la izquierda: un perrito negro dando saltitos me recuerda a un bola de espuma, ingrávido, dulce. Debería pensar: ¡es maravilloso! y sentir una gran emoción por estar vivo. El problema tal vez sea la palabra "debería" y todo lo que ese verbo implica en mi diálogo interno. Me siento culpable por no sentirme vivo. La muerte se aparece entonces y me recuerda: estás aquí y ahora, todo es único e irrepetible, aprovecha el tiempo. Nada, esa voz me tortura pero no me activa. Sin novedad. Es un funcionamiento automático de mi mente, como si no lo pudiera controlar o dirigir. Debe de ser tedio. ¡No!, deseo que todo sea emocionante e intenso. Nada suscita emoción alguna. Todo, como siempre, es aparentemente normal, ahí radica el problema. La falta de sentido de casi todo lo que ven mis ojos confiere a las cosas un extraño atractivo, acompañado, eso sí, de una dolorosa sensación de angustia indeterminada. Tiene y no tiene gracia el misterio de mi singular percepción, pero todo lo que pasa no es ningún chiste: alegrías, dramas... Un esfuerzo inútil siempre a mi alrededor. Como una losa externa. Un decorado turbio, ardoroso, violento, hostil. Es mi percepción. Estoy programado para ver así. Me siento vivo porque sufro este tormento. Resulta agotador contemplar tanto movimiento, ruido, olor, miradas, cuerpos, cartones, excrementos. Aparece y desaparece todo. No debería haber salido de casa. Pero lo hice. Mejor volver. Ya en el portal, abro la puerta y subo la escalera. La humedad lo impregna todo. Hoy es el último día del año. Mañana el primero de otro.

dimarts, 28 de desembre del 2010

Terror en Almanzora

Tráiler y escena final del escalofriante filme ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador (1976)




Breve reseña argumental: Un par de turistas ingleses llegan a Almanzora, una isla perdida en el Mediterráneo, donde paulatinamente descubren que los niños son (no individualmente, sino en conjunto) asesinos despiadados. A través de una especie de macabro "juego" (la novela original, de Juan José Plans, se llama así, "El Juego") van convirtiendo en sus víctimas a todas las personas adultas, padres, abuelos, desconocidos, etc. Con estas premisas, la película se convierte no en un relato de ciencia-ficción (jamás se llega a explicar convenientemente el desquicio que afecta a los niños, aunque se muestra cómo se extiende de manera telepática) ni en un filme convencional de terror (por los motivos anteriormente mencionados), sino en un thriller trágico.

Escena final de La cabina (1972) - Antonio Mercero

dimecres, 22 de desembre del 2010

Vampire

Vampire (II)

Vampire & Werewolf

Himno a la belleza - Baudelaire


¿Vienes del hondo cielo o del abismo sales,
Belleza?
Tu mirada, infernal y divina,
confusamente vierte los favores y el crimen,
y por esto podrías al vino compararte.

En tus ojos contienes la aurora y el ocaso;
cual tormentosa noche tú derramas perfumes;
tus besos son un filtro y un ánfora tu boca
que al niño envalentonan y acobardan al héroe.

¿De negra sima sales o de los astros bajas?
Tus enaguas, cual perro, sigue hadado el Destino;
vas al azar sembrando la dicha y los desastres,
y todo lo gobiernas y de nada respondes.

Caminas sobre muertos, Beldad, de los que ríes;
el Horror, de tus joyas no es la que encanta menos,
y entre tus más costosos dijes, el Homicidio
en tu vientre orgulloso danza amorosamente.

La cegada polilla vuela hacia ti, candela,
crepita, brilla y dice: bendigamos tal llama
Jadeando el amante sobre su hermosa, el aire
tiene de un moribundo que acaricia su tumba.

¿Que vengas del Infierno o del Cielo, qué importa,
¡Belleza! ¡Monstruo enorme, ingenuo y espantoso!
Si tus ojos, tu risa, tu piel, me abren la puerta
de un infinito al que amo y nunca he conocido?

De Satán o de Dios, ¿qué importa? Ángel, Sirena,
¿qué importa, si tú -hada de ojos de terciopelo-
vuelves -ritmo, perfume, luz, ¡oh mi única reina!-
menos horrible el mundo, los instantes más leves?


[Fuente: extraído de Las Flores del Mal, Charles Baudelaire, sección "Spleen e Ideal", poema XXI, edición Bilingüe de Alain Verjat y Luis Martínez Merlo; Cátedra - Letras Universales]

Tiamat - Gaia

Theatre of Tragedy - Siren

divendres, 17 de desembre del 2010

Arder

Los dedos martillean el teclado ante el blanco que va perdiendo espacio en la línea. Concentrado y aturdido al son inconexo de los persamientos que se van entretejiendo y que se materializan aquí ahora en palabras. Desaparece al escribir el impulso de lo escrito hasta ahora. Hay una ansia brutal de materialización en palabras del aliento desesperado contra el tiempo. Una resistencia inútil al empuje imparable hacia el fuego eterno. Un proyecto sin retorno hacia delante, ganando terreno al blanco pantalla. Mirar hacia atrás en el trayecto, un muro de palabras que llenan el vacío literalmente blanco del momento. Pero seguir en la guerra perdida de antemano. No es tormento gratuito sino lucidez. La grieta se va abriendo irreversiblemente. La distancia hasta la primera letra de este escrito es ya inalcanzable. No hay marcha atrás. Es preciso seguir adelante. No retroceder. ¿Para qué borrar estos pedacitos de puzle materializados en palabras que ahora, sí, ahora, me obligan a no parar hasta llegar aquí?

Across the Universe

Embriaguez

Multitud y soledad, términos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en medio de una atareada muchedumbre.

El poeta goza del incomparable privilegio de poder ser, a su guisa, el mismo y otro. Como las almas que vagan buscando un cuerpo, entra, cuando quiere, en el personaje de cada uno. Sólo para él, todo está vacío; y si determinados lugares parecen estarle vedados, ello se debe a que, a sus ojos, no merece la pena visitarlos.

El pensativo y solitario paseante obtiene una singular embriaguez de esa comunión universal. Quien se desposa fácilmente con la multitud, conoce goces febriles, de los que quedarán eternamente privados, el egoísta, cerrado como un cofre, y el perezoso, metido en su interior como un molusco. Abraza como suyas todas las profesiones, todas las alegrías y todas las miserias que la circunstancia le presenta.

Lo que los hombres llaman amor es cosa muy pequeña, restringida y débil, en comparación con esta inefable orgía, con esta santa prostitución del alma que se da por completo, poesía y caridad, a lo que aparece de improviso, a lo desconocido que pasa.
.....

[Fuente: fragmento extraído de Charles Baudelaire. Pequeños poemas en prosa. "Las multitudes", Cátedra Letras Universales.]

dimarts, 14 de desembre del 2010

Interferencia

Una tormenta de palabras, conexiones, imágenes, luces y otros satura a todas horas la cabeza. No poder mirar lo que nos rodea porque la bronca interior se interpone entre la cabeza y lo exterior. Como una permanente interferencia que no permite sintonizar el dial de la realidad. Cada vez intentar fijar la atención en algo que no forme parte del propio mundo interior. No poder. No ser capaz de salir de la propia cabeza.

La cabeza proyecta a través de los ojos y no ve cuando mira. No saber en qué medida se ve algo fuera del proyector visual. ¿Qué ven los ojos? Rostros, paisajes... ¿Cuánto hay de ellos y cuánto de nosotros al enfocar nuestros ojos hacia los mismos? Un misterio indescifrable nos separa (o nos une en la soledad de lo distinto) de lo que nos rodea.

El mundo exterior existe, de eso no hay duda. Mas es imposible saber qué diablos hay allí fuera ante nuestros ojos. ¿Qué vemos aparte de lo que estamos programados para ver? ¿Se puede reprogramar nuestro "disco duro" para poder acercarnos de algún modo a la entidad real de lo que vemos?

[Ta vez, las diferentes técnicas de meditación o por ejemplo la respiración abdominal limpian de "archivos inútiles" nuestro ordenador cerebral y nos permiten afinar más la visión de lo que nos rodea: podremos ver momentáneamente con ojos nuevos hasta que el ruido de la cabeza vuelva a interferir.]

Conceptualmente hablando, acaso la diferencia entre lo que se ve y la realidad en sí de lo visto tenga alguna similitud con la diferencia existente entre cómo oímos nosotros nuestra propia voz cuando hablamos y cómo la oyen los demás, o cuando se escucha en una grabación. El mismo sustrato pero diferente percepción. Es solo una aproximación tangencial a la escisión entre el yo y el no-yo.

La realidad es una perfecta des-conocida para nosotros pese a que estamos programados para estar en ella.