dimarts, 17 de maig del 2011

Lautréamont - Los Cantos de Maldoror (fragmento)


Estoy sucio. Los piojos me roen. Los cerdos vomitan al mirarme. Las costras y las escaras de la lepra han descamado mi piel, cubierta de pus amarillento. No conozco el agua de los ríos ni el rocío de las nubes. En mi nuca, como sobre un estercolero, crece una enorme seta de pedúnculos umbelíferos. Sentado sobre un mueble informe no he movido mis miembros desde hace cuatro siglos. Mis pies han echado raíces en la tierra y forman, hasta mi vientre, una especie de vegetación vigorosa, cubierta de inmundos parásitos, que aún no es planta y que ha dejado de ser carne. Sin embargo, mi corazón late. Pero ¿cómo latiría si la podredumbre y las emanaciones de mi cadáver (no me atrevo a decir de mi cuerpo) no le alimentasen con abundancia? Bajo mi axila izquierda una familia de sapos ha hecho su casa y, cuando alguno se mueve, me hace cosquillas. Tened cuidado de que no se escape uno de ellos y venga a rascar, con su boca, el interior de vuestro oído: podría después introducirse en vuestro cerebro. Bajo mi axila derecha tengo un camaleón que les persigue continuamente para no morirse de hambre: es necesario que todos vivan. Pero cuando un bando desbarata los ardides del contrario, encuentran más cómodo no enfadarse y chupan la deliciosa grasa que cubre mis costillas: ya me he acostumbrado. Una maligna víbora ha devorado mi verga y se ha puesto en su lugar: esa infame me ha convertido en eunuco. Ah, si hubiera podido defenderme con mis brazos paralizados; pero creo más bien que se han convertido en leños. Sea lo que fuere, importa hacer constar que la sangre ya no llega hasta allí a pasear su rojez. Dos pequeños erizos, que han dejado de crecer, arrojaron a un perro, que no los rechazó, el interior de mis testículos, alojándose dentro de la epidermis después de lavarla cuidadosamente. El ano ha quedado obstruido por un cangrejo que, envalentonado por mi pasividad, guarda la entrada con sus pinzas ¡y me produce mucho daño!

[Extraído de: Conde de Lautréamont. Los Cantos de Maldoror. Canto IV. Traducción de Ángel Pariente. Alianza Editorial.]

dimarts, 10 de maig del 2011

Daniel Johnston

Se acabó

Llegó el momento de la verdad. Matías parecía haber reunido el suficiente valor para tomar la decisión que desde hacía mucho tiempo le rondaba por la cabeza: quitarse la vida. La existencia se había convertido para él en un suplicio insoportable. Una tremenda angustia y falta de sentido hacia todos los actos de su existencia le habían conducido a tomar esta irreversible decisión. Desde hacía ya muchos años no entendía qué hacía en ese mundo que no comprendía, lleno de mentiras, de falsos afectos, de incertidumbre, de grosería, de vulgaridad nauseabunda, aislado como estaba en un dolor psicológico indescriptible. Él situaba el comienzo de su "caída" en la entrada en la edad adulta. No soportaba trabajar, le gustaban las mujeres pero no las entendía ni tenía demasiado éxito con ellas; además, había perdido todo interés por hacer cosas.

El acto fue rápido. Se aseguró de que nadie llamara a su casa, se tomó un frasco de pastillas (un cóctel infernal de tranquilizantes, antipsicóticos y antiepilépticos) y se fue a "dormir". Eso fue por la mañana de un lunes como otro cualquiera, otro maldito lunes sin sentido, pero ese día dijo basta.

Al cabo de tres días, su hermano, que tenía las llaves de su casa, se dirigió a su domicilio, pues Matías le debía 1.000 euros. Al no abrir la puerta, y después de haber estado llamándole unos días por teléfono, se decidió a entrar con las llaves que poseía. Miró por toda la casa y, finalmente, accedió a una habitación dormitorio. Matías yacía muerto en la cama, con un aspecto terrorífico. Andrés, su hermano, llamó raudo a urgencias médicas, aunque ya veía que su hermano estaba muerto. Cayó en un llanto inconsolable, lleno de impotencia y angustia. 

Era un caso más de suicidio. El de un ser gris que se quita de en medio. El tumulto de la vida continúa. A nadie le importa que un ser patético y absurdo se suicide.

Hay que pasar página, que la vida sigue... ¡Viva la vida!

divendres, 29 d’abril del 2011

Depósito de contenidos

 No sé si alguien ha considerado alguna vez la idea de que muchas personas puedan estar aprovechándose del esfuerzo efectuado por los creadores de blogs y webs. Periodistas, publicistas, etc., saquean contenidos (textos, fotos, pinturas digitalizadas, etc.) de blogs y webs sin pedir permiso, apropiándose de este material para fines crematísticos. ¿Verdaderamente se es consciente de esto? Puede ser que el nihilismo y la desesperación vital estén tan extendidos que nadie lo haya pensado con detenimiento. Para decirlo en otras palabras: hacer blogs o webs significa potencialmente trabajar gratis para que otros saqueen y se aprovechen de los materiales publicados. Apropiarse de fotos, cortar y pegar contenidos sin mencionar fuentes es trabajo gratis para muchos periodistas y demás profesionales que, sin escrúpulos, los usan para su propio beneficio. Luego, uno puede ver hasta en la tele sus fotos, por ejemplo (esto pasa sin cesar). Qué maravilla tener a un ejército de sufridos creadores de contenidos del más diverso pelaje para que otros saquen provecho económico. Un trabajo no remunerado, un esfuerzo baldío que, por otra parte, roba tiempo a la vida real si es que esta aún existe. Estar frente al ordenador creando entradas en blogs o webs es la pérdida de tiempo más brutal y absurda que hay. La noción de la realidad se está diluyendo a marchas forzadas por este motivo: la frontera entre "lo virtual" y "lo real" cada vez se está difuminado más -y con ello la percepción del paso del tiempo-, y lo mejor es que el proceso de disolución ha sido fantasma. Se pierde la consciencia de que lo que se escribe en la red, ya sea en blogs o webs, carece de entidad material y personal, asimismo. Lo que uno escribe puede encontrarlo en otro blog, por ejemplo, copiado. Si nadie hiciera negocio con ello, pudiera parecer más lícito, pero no es el caso. ¿Pero qué diablos está pasando aquí? ¡Se están regalando contenidos! ¡Se está trabajando gratis! ¿Por qué tantas personas han caído en la trampa de creer que esto de los blogs (o webs) constituye algo creativo -por decir algo- cuando, en el mejor de los casos, no es más que un “depósito de contenidos” donde volcar miedo, resentimiento, fobia, obsesión, manía, fantasía, o bien creaciones artísticas o seudoartísticas del más diverso pelaje gratis, para que -tarde o temprano- algún periodista o “creativo” sin escrúpulos de turno lo saquee y convierta en materia prima para sacar dinero? Es la vuelta de tuerca perfecta de la nueva sanguijuela capitalista: trabajadores gratis y sin consciencia de serlo.

Hacer un blog (o web) es trabajar gratis y sin saberlo (y si se sabe... mejor no entrar aquí...). Si hubiera un intercambio real de contenidos entre iguales la cosa quizá tendría algún sentido; ¡pero si "casi" nadie sabe quién hay detrás del avatar del blog o web de turno! Se trata más bien de un baile de identidades donde uno ya no sabe ni qué cree, ni qué piensa ni quién es. ¿Es está la nueva realidad que se nos presenta? ¿Es está la nueva Shangri-La? Sin duda, es la cárcel sin rejas.

La dimensión del engaño o de la estafa es tan mayúscula que es invisible. Volcar los problemas, las fantasías, las frustraciones, las creaciones, etc., en un blog significa, las más de las veces, no afrontarlos o no interactuar en la "vida real", si es que esta existe: se habla aquí del cara a cara con las personas, con los objetos, con la naturaleza, de la interacción en presencia, visual, táctil, carnal si se quiere, por decir algunas de las manifestaciones de lo que parecería que era hasta hace un tiempo "lo real".

El sistema creado es perfecto y debilitador. Mientras la gente volca todas sus energías en un blog o web [nadie queda excluido aquí], el mundo tecnológico-capitalista continúa campando a sus anchas en su proceso de depredación y destrucción del individuo y de la percepción del tiempo: una máquina de aniquilar personas, de “cohesionarlas socialmente”, un ejército de prisioneros de una farsa que no se sabe ni dónde comienza, para qué sirve ni cuál es su fin (ni su creador parece ya saberlo). Hacer blogs y webs es pues un trabajo fantasmático y "el rebaño de gente alienada" sin consciencia de serlo o sí (el culmen del nihilismo`, en este caso) que persiste en esta tragicomedia debería, como mínimo, “saber a lo que juega”. Probablemente, muchos lo saben. No hay película de terror que supere esta locura de no-realidad. El imperio tecnológico-capitalista ha creado un sistema perfecto de anulación de lo real, de creación de adicciones, un sistema para que millones de personas trabajen gratis sin saberlo y para que otros se aprovechen sin escrúpulos para fines crematísticos de ello. He aquí la tan cacareada emancipación que produce la Red: se trata de una especie de zombificación, podría decirse, del ser humano.

Es evidente que no hay salida, el negocio es perfecto, y el poder de seducción del sistema, infalible. Del mismo modo, aunque ya sería motivo de otra entrada, podría hablarse del "sentido" del bombardeo continuo de actualizaciones que, sin cesar, surgen para los navegadores, la presunta perfección de los blogs, etc. ¿Alguien ha pensado qué diablos significa este estar “en permanente estado de actualización” sin nada a lo que asirse? Parece todo transitorio, cada nueva actualización parece mejorar la anterior, ¿pero de qué sirve en realidad? Si se piensa un poco, de nada. O sí: para mantenernos entretenidos en un limbo peor que el de Dante. Es una carrera hacia ninguna parte. Seguramente, parece positivo e inocuo. No lo es. Esto afecta a todos los ámbitos tecnológicos (informática, telefonía móvil, cámaras fotográficas, de vídeo, etc). Se trata de un proceso de actualización permanente, de perfeccionamiento obsesivo para llenar las arcas de la tiranía instaurada y silente del mercado desatado. Es el triunfo de la trituradora tecnológico-capitalista, “la aniquilación feliz” y silenciosa del individuo.

dimarts, 12 d’abril del 2011

Homicidio


Una angustia indescriptible me atenaza en estos momentos. Un miedo irracional a matar a mi marido invade mis pensamientos:  creo que no lo podré evitar. No hay motivo alguno para hacerlo y por eso siento que debo hacerlo (algo más fuerte que la razón me impulsa). Un tremendo ahogo aprieta mi cuello; unas garras invisibles me asfixian. Los pensamientos que circulan por mi mente son espeluznantes y me paralizan. Fantaseo con la idea de asestar reiteradas puñaladas hacia la persona que más quiero, mi marido, lo que me provoca una espantosa sensación de pérdida del juicio. Lo amo tanto... pero una bestia muy poderosa se ha instalado en mi cabeza. La angustia va invadiendo progresivamente todo mi ser hasta sumirlo en un estado febril de excitante maldad carente de sentido. Esa pulsión irresistible e irracional me arrastra. Intentaría acabar con mi vida, pero soy muy cobarde. Mi cerebro va a una velocidad endiablada. Las ideas delirantes de asesinato y las ideaciones sobre el entierro de mi marido, con su familia en el velatorio y desgarrada de dolor, me hacen pensar que estoy enloqueciendo. Nada me puede parar, el impulso irrefrenable es casi físico. Quizá debería esperar a que tales ideas pasaran y a que el agotamiento mental hiciera bajar la intensidad sobrecogedora de estos pensamientos asesinos. Hay que detener el pensamiento en estas situaciones -supongo-, pero este circula como una avalancha ingobernable. Esta oleada de ideas homicidas hacia el ser que más quiero me resulta insoportable. La angustia se ceba sobre mi mente y me nubla. Es una locura pero estoy en ella sumergida. El destino está escrito. No puedo cambiar las fantasias asesinas que invaden mi mente. El sudor es tremendo y los temblores, cada vez más intensos. Empiezo a golpear brutalmente una pared, los nudillos me sangran con abundancia, pero no me duelen. En otras circunstancias, mis delicadas manos me hubieran ocasionado un intenso dolor. Quiero despertar ya de esta maldita pesadilla.

De repente, oigo como una llave se mete por la cerradura de la puerta. ¡Es él! Entra. Le miro. Me acerco y le beso como de costumbre. Cuando veo su espalda mientras se dirige hacia el comedor, las ideas asesinas circulan desbocadas por mi mente. No hay solución. Ante esa angustia indescriptible, intento hablar con mi marido. Le empiezo a explicar lo que me pasa por la cabeza y que tengo miedo de matarle. Al principio se asusta, pero luego intenta tranquilizarme. Me dice que él ocasionalmente también tiene ideas parecidas hacia mí, pero que nunca me lo había contado. Eso calma un poco mi malestar, aunque si he de decir la verdad, el desasosiego invade todo mi ser. ¿Estoy loca? ¿Está loco? Es una pesadilla real... Sin tiempo para la reflexión, noto un pinchazo y, a continuación, un dolor intenso; luego veo que algo está clavado en mi vientre. Levanto la cabeza y le veo a él: me acaba de asestar una puñalada con un objeto punzante, tal vez un cuchillo. Me mira con una cara inexpresiva, parece inhumano. Empiezo a debilitarme. Caigo al suelo malherida. Me desangro. Entonces noto cómo su mano me acaricia la cabeza para consolarme de mi dolor y yace a mi lado mirándome como a una desconocida.

dilluns, 11 d’abril del 2011

Presente


Aunque fueras a vivir tres mil años y, en otras vidas, diez mil, recuerda, sin embargo, que nadie pierde otra vida que la que está viviendo, ni vive otra vida que la que está perdiendo. Por tanto, van a parar a un mismo punto lo que es largo y lo que es corto. En efecto, el presente es igual para todos, y, por tanto, lo que se pierde también es igual, y lo que se deja atrás aparece como un simple instante. De hecho, nadie puede perder ni el pasado ni el futuro. Porque lo que no se tiene ¿cómo alguien nos lo podría quitar?

Así pues, ten siempre en cuenta estas dos cosas. En primer lugar, que todas las cosas, desde la eternidad, tienen un aspecto idéntico, que se repiten cíclicamente y que en nada difiere que uno las vea durante cien años, doscientos o un tiempo infinito. En segundo lugar, que el que ha vivido mucho tiempo y el que morirá más pronto tienen una pérdida idéntica. Y es que solo hay un presente del cual uno puede ser desposeído, porque este es el único que uno tiene, y nadie puede perder aquello que no posee.

Marco Aurelio:  Meditación n.14. Libro II (Meditaciones II).


[Marco Aurelio. Meditaciones: traducción/adaptación al castellano por Espectro X de la traducción catalana del original griego. Marc Aureli. Meditacions. n.14, Med. II. Llibres de l´Índex. Traducción al catalán de Joan Alberich. "Preferible" a la versión castellana de Alianza Editorial, de Bartolomé Segura Ramos (Clásicos de Grecia y Roma). La mejor traducción al español es la publicada en editorial Gredos (1983), de Ramón Bach Pellicer]

divendres, 8 d’abril del 2011

Tristan Murail - Désintégrations [espectralismo]



Solo es para escuchar (visualmente no tiene el menor interés). Esta pieza de Tristan Murail, perteneciente a su obra Désintégrations (para orquesta de cámara, 1983), usa la técnica espectralista mencionada en el anterior post (y que allí se aplicó por error). El Espectralismo es un género musical originado en Francia en la década de los sesenta alrededor de un grupo de compositores agrupados en torno al Ensemble l'Itinéraire (Gérard Grisey, Tristan Murail y Hughes Dufourt). La música espectral, en un sentido restrictivo, se basa principalmente en el descubrimiento de la naturaleza del timbre musical y en la descomposición espectral del sonido, en el origen de la percepción del timbre. 

dimarts, 5 d’abril del 2011

Tristan Murail - Vampyr!



Nota aclaratoria: Vampyr! es una pieza rara en el repertorio de guitarra eléctrica y una de las pocas piezas de Murail en que no usa la técnica espectral. El autor además recomienda que sea interpretada al modo de los guitarristas de tradición pop/rock.

dijous, 31 de març del 2011

Lo grotesco


Disfrutar del amargo sabor de lo desagradable es un placer de difícil comprensión. Acaso nadie o casi nadie ha reparado nunca en qué impulsa al deleite por lo repulsivo, lo aberrante y lo grotesco. Dado que la objetividad más allá del individuo no existe, se hace difícil establecer los límites y el alcance de las palabras, las sensaciones, las percepciones, etc. Partiendo de la base de que uno de los impulsos básicos e inherentes al ser humano es la comunicación, a veces hay que realizar un esfuerzo por intentar delimitar conceptos o ideas que puedan tener un mínimo consenso entre las mentes pensantes.

Grotesco. Esa es la palabra que le viene a uno a la cabeza en estos momentos. Si se considera el diccionario un artilugio útil -pese a que cuando uno busca qué significa una palabra el glosario de términos siempre le remitirá ad infinitum a otras palabras, es decir, a la pura confusión-, el de la Real Academia Española define grotesco [del italiano grottesco, derivado de grotta, gruta] como un adjetivo que hace referencia a lo ridículo y lo extravagante (empieza la confusión y la dispersión hacia otras palabras), a lo irregular, lo grosero y de mal gusto, y finalmente -derivado de grutesco [it. grottesco]- se refiere a "la gruta artificial". "Dicho propiamente de un adorno caprichoso que remeda lo tosco de la grutas, con menudas conchas o animales que en ellas se crían, más tarde con figuras de quimeras y follajes, de donde viene lo de extravagante y ridículo; imita los que se encontraron en las grutas, nombre con el que se conocen las ruinas de la Domus Aurea de Nerón, en Roma [aquí se ha introducido cierta información del Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana de Joan Corominas]". Definido el término se puede entrar en el océano de las interpretaciones.

Desde siempre, existe y ha existido el amor y la pasión por lo repugnante y lo nauseabundo, también por lo ridículo, lo extraño y lo excéntrico o raro (cabría definir aquí qué se entiende por cada palabra y cómo la entiende cada persona: es todo tan relativo...). El origen de esta fiebre por lo espantoso y monstruoso, así como por lo absurdo y demencial, se podría encontrar quizá en una cierta propensión a congraciarse con lo más temido: la muerte. La visita o el contacto morboso con lo que más escalofríos produce una y otra vez es posible que haga menos terrible asumir la propia mortalidad. Es como si uno se inmunizara de un virus de tanto estar en contacto con él, eso sí, sin infectarse. Se trata de regodearse en el tormento… pero sin mancharse (el sadomasoquismo y todas sus variantes -de un modo muy particular- podrían ser otro tipo de aproximación a lo mismo, pero hay que ir con mucha cautela y precisión al acercarse a este mundo).

En el fondo, hay en la pasión por lo grotesco y lo infame una pulsión tanatófila (a grandes rasgos, “amor o simpatía por la muerte”). Este disfrute ante lo nauseabundo siempre ha existido y existirá. Seguramente pueda abordarse el tema, con todas las reservas, desde el punto de vista psicoanalítico. Es posible que el miedo a mostrar afecto sea el desencadenante de esta atracción por lo grotesco. Se trataría de una desviación ante la imposibilidad de expresar sentimientos y emociones. Ese temor, espanto o parálisis que inhibe cualquier expresión emotiva o pasional estaría detrás de este amor por lo sucio, lo repulsivo, lo extravagante... De Eros (amor) a Tánatos (muerte). Pero aquí se estaría entrando ya en el terreno de la interpretación/especulación... De la que nunca se sale, por cierto. 

Se trataba solo de acercarse al concepto y la idea de "grotesco".

dimarts, 29 de març del 2011

Pesadilla


La vivaz impresión de realidad que ofrece el sueño es tan intensa a veces que resulta difícil, e incluso imposible, distinguirla de un hecho real. En la creencia de haber mantenido relaciones con el Diablo, los acusados suben al cadalso víctimas de su propia fantasía. El alma es una imagen humana sutil, inmaterial por su naturaleza, un vapor, una película o una sombra; es la causa de la vida y el pensamiento, es impalpable e invisible. Muchas personas ven siempre en la pesadilla un ataque sexual de parte de un demonio lúbrico. A la representación del deseo subyacente no le es permitido exhibirse en su forma verdadera: el sueño es una transacción entre el deseo y el intenso miedo proveniente de la inhibición. La sensación voluptuosa en sueños se haya casi siempre acompañada por un sentimiento desagradable. Cuando la noche ha aprisionado nuestra visión en su calabozo, el Diablo pide cuentas a nuestra conciencia. Cuando apoyamos la cabeza en el lecho lo hacemos sobre un nido de víboras. Por eso, los terrores de la noche son peores que los del día. La idea de que el coito puede ser realizado entre seres humanos y seres sobrenaturales está muy extendida en nuestro inconsciente. Los conventos, por ejemplo, se ven particularmente infectados por los íncubos, lúbricos demonios que visitan a las mujeres. Se establece entonces una relación a medio camino entre la atracción y la repulsión: la libido y el temor mórbido se confunden. A los hombres, por su parte, se les aparecen los súcubos. Estos seres repugnantes y demoníacos, que adquieren la forma de mujeres odiosas, abrazan al alucinado durmiente y lo sumen en un profundo horror. Imágenes repulsivas persiguen al hombre y lo obsesionan, sufriendo incluso alucinaciones genitales horrorosas. El tormento puede continuar al despertar y no cesar nunca. 

http://acuolenss.blogspot.com/2010/07/lo-invisible.html 

dimecres, 23 de març del 2011

Cesare Pavese - Fragmentos

Cuando se sufre, se cree que más allá de las esferas existe la felicidad; cuando NO se sufre, se sabe que ésta no existe, y se sufre entonces de sufrir porque no se sufre nada

La bondad que nace del cansancio de sufrir es un horror peor que el sufrimiento

Para no sufrir hay que convencerse de que todo es sufrimiento. [...] Para no sufrir hay que sufrir. Es decir: Hay que aceptar el sufrimiento


Tener un libidinoso gusto por el abatimiento, por el abandono, por la enervante dulzura, y una despiadada voluntad de disparo, explosiva y tiránica, es una promesa perenne y fecunda de vida interior  

Escoger nosotros mismos un mal es la única defensa contra este mal. Esto significa la aceptación del sufrimiento. No resignación, sino disparo. Digerir el mal golpe

No se desea disfrutar. Se desea experimentar la vanidad de un placer para no seguir obsesionados por él



[Fuente: Extraído de El oficio de vivir. El País.Traducido por Ángel Crespo. Clásicos del siglo XX, vol. 30. 2003.]

Nostalghia (Andrei Tarkovsky)


dijous, 17 de març del 2011

Cuando los sueños se hacen realidad

  Ese fin de semana K cogió, como de costumbre, un dvd de los muchos que almacenaba en su estantería. Tenía una auténtica colección de películas de gore, torture-porno, terror, serie Z y demás subgéneros de lo más variopinto. Acumulaba tantas películas que ni sabía cómo localizarlas. Esa era su gran afición. Bueno, también devorar grandes bolsas de palomitas ante su televisor panorámico "plasmático" cuando lograba localizar el enésimo filme de mutilación, tortura, zombies... Disfrutaba sobremanera cuando torturaban a las chicas que aparecían en las películas, les arrancaban los ojos, las violaban....  Y  mientras, K comía palomitas como un poseso y bebía cervezas sin cesar. La cuestión era disfrutar de la humilación,  la  tortura... Unas extrañas fantasías invadían su cabeza alienada y llena de frustración; por eso, gozaba ante el desfile de atrocidades que vomitaba su televisor. Era tan friki que ni se levantaba para ir al lavabo. Tenía un cubo donde hacía sus necesidades cuando se le llenaba la barriga. Cosa, por otra parte, muy habitual, puesto que tomaba una lata de cerveza tras otra. Así pasaba el rato los dos días del fin de semana. Un pobre diablo, sin duda. Pero un día, llamaron a la puerta. Era tarde, un sábado de madrugada. Miró por la mirilla. Era una chica espectacular y le estaba sonriendo. No se lo podía creer. Iba con un vestido rojo y con un escote de los que quitan el hipo... y otras cosas. Sin pensárselo, K abrió la puerta. La mirada de la chica era turbadora, escandalosa. Sin embargo, nuestro héroe empezó a sentir una extraña angustia. Esa cara... pensaba. Le era familiar. Juraría que la había visto... en una película. Y no en una cualquiera. Sin tiempo para la reacción, la chica le asestó treinta puñaladas, todas ellas bien dirigidas. La sangre empezó a brotar a borbotones del cuerpo del desdichado K. Ya en el suelo, notó que no sentía dolor alguno, lo cual le dejó paralizado y aterrado (eso sí era verdadero terror y en sus propias carnes; qué más podía desear). La chica se disponía entonces a atarlo en una silla, a lo que K no ofreció resistencia. Estaba absolutamente reventado y, pese a ello, no sentía ninguna molestia. Creía que se estaba volviendo loco. Empezó entonces la joven a cortarle los dedos de la mano derecha, mientras le sonreía con cara seductora. Ya sin dedos, pero sin sentir dolor, K vio cómo en ese momento la joven le cogió la mano izquierda. Repitió la acción. 5, 4, 3 2, 1 ... ¡sin dedos! Estaba muerto de miedo, pero, mutilado como estaba, y hecho una piltrafa, no sentía dolor alguno. Continuó entonces la bella muchacha con la orgía de sangre. Poco a poco acercó un cuchillo afilado al cuello de K. Lentamente, dulcemente, le empezó a cortar la cabeza. Notaba un cosquilleo en el cuello nuestro amigo, y claro, empezó a caerle progresivamente la cabeza hacia un lado, le pendía como un colgajo en su hombro izquierdo. Separada ya del cuerpo, la chica cogió la cabeza y la puso frente al tronco de nuestro alucinado héroe. Podía mover el cuerpo, Dios santo -pensó-, ¿pero qué me está pasando? Movía sus manos sin dedos desde la distancia que separaba la cabeza de su cuerpo. No tuvo bastante la chica que entonces fue y le arrancó los ojos, eso sí con mucha ternura y una sonrisa de oreja a oreja. Una en cada mano, la muchacha estrujó las esferas oculares del joven hasta que explotaron. Había por fin terminado el trabajo. Se dirigíó hacia la puerta y se marchó. K veía colores y siluetas indescriptibles, pero no podía enfocar nada ya. Su cabeza sin ojos yacía en el suelo y su tronco despedazado, frente a ella. Ni en sueños hubiera imaginado que sería el protagonista de una película de las que tanto le gustaban.

El tormento es gozo

- Cada día encuentro menos motivos para vivir.
-¿Y eso?
-Me siento vacío y sin perspectivas.
-¿Por qué?
-Si lo supiera.
-Creo que lo sabes.
-No.
-¿No deberías mirar dentro de ti?
-Lo hago a todas horas.
-¿Y?
-Nada de nada. Un laberinto extenuante me sumerge en una angustia sin límites.
-¿Busca más allá?
-¿Dónde?
-¿Cuándo empezaste a sentir esta desolación?
-Creo que desde la adolescencia, pero entonces no tomé consciencia.
-¿Pasó algo a lo que hayas concedido mucha importancia?
-Me torturaron cuando iba clase, se rieron de mí y me lanzaron por las escaleras del instituto. Hay muchas más desventuras.
- Una dura experiencia, pero la mayoría hemos sufrido experiencias negativas.
-Mal de muchos... De qué me sirve eso.
-¿Por qué vives atrapado en el pasado?
-No vivo atrapado en el pasado.
-Por cómo te explicas, parece que sí.
-Tú me has preguntado.
-Sí, pero tú has seleccionado ese episodio, por algo será. -¿Hay más?
-Sí claro.
-No es preciso que sigas.
-¿Por qué lo dices?
-Has de cambiar.
-¿Cómo?
-Has de vivir el presente.
-Eso parece un mantra de algún místico... No estoy para esas historias. Mi hermano se intentó suicidar tras dos años practicando meditación y todas esas cosas.
-No hablo de mística, hablo de atreverse a vivir el presente.
-Ya lo hago.
-Sí, pero atenazado por fantasmas del pasado.
-El tormento es gozo.
-Tú mismo te has dado la respuesta.
-He dicho esa frase al azar, sin pensar.
-Has dado en el clavo.
-¿Por qué?
-Te gusta el sufrimiento y te deleitas en él, ahí está tu mal.
-¡¿Pero cómo te atreves...?!
-Te recreas en el sufrimiento, pierdes tu energía: es lo más fácil.
-No puedo salir de ello.
-No quieres salir.
-¡Déjame en paz!
-Tú mismo, cierra las puertas.
-¡No me tortures!
-Pero si es lo que en el fondo te gusta: torturarte y despertar compasión.
-Si continúas así, me voy a enfadar.
-Enfádate.
-¡No me provoques!
-Te provoco.
-¿Por qué?
-Para que reacciones.
-¿Quién eres tú para hablarme así?
-Soy alguien que quiere ayudarte.
-No puede ayudarme nadie. Pienso en el suicidio.
-Me lo imagino. Estás atrapado en la erótica del sufrimiento y te deleitas con fantasías suicidas.
-¿Pero qué dices?
-Lo que oyes.
-¡Desaparece!
-Ahora mismo.