dimarts, 15 de novembre de 2011

Inercia


Es una mañana lluviosa y sombría. Me he despertado sin ánimo y cansado. Tengo que levantarme para hacer algo, pienso. Si fuera por mí, permanecería por un tiempo indefinido en el lecho caliente. Pero no puede ser. ¿Quién lo dice? Nadie. La voz de la conciencia, tal vez. En fin, que, sin ganas, me incorporo, me aseo mínimamente y me pongo a desayunar. Cuando acabo con las galletas y el yogur, enciendo mi salvavidas: el aparato de CD. Escojo para la mañana un disco de piano solo de Keith Jarrett y dejo que fluya la música en mis oídos. Escuchar música es una actividad receptiva no activa, o al menos eso pienso. No tengo nada que hacer, estoy de baja laboral. Tengo todo el tiempo del mundo para desarrollar la actividad que quiera, pero no tengo fuerzas. Decido no hacer nada.

No hacer nada siempre lo he considerado un arte. Muchas personas necesitan hacer algo con su tiempo. Yo no preciso hacer nada. Mejor dicho, no sé qué hacer y a eso le llamo que no deseo hacer nada. Cada uno se engaña a su modo. Ya no me atormenta. Estoy en una fase en que pocas cosas me importan demasiado salvo sobrevivir. Es lo único. Algo es algo.

Nunca he sabido vivir y disfrutar mínimamente de la vida (o al menos esa idea y sensación tengo de mí). Al principio -de joven- me angustiaba, me sentia impotente porque no sabía o no podía gozar de nada. Debido a mi incapacidad y al aburrimiento soberano en que me hallaba sumergido casi siempre, busqué hacer cosas extravagantes, y me junté con gente, diríamos, un poco rarita. Lo que algunos llaman gamberros, frikis, etc. Sentía cierta afinidad por las personas que hacían cosas que se apartaran un poco de la normalidad y la convención. Nunca he soportado -y de adulto esto se ha agudizado- llevar un vida convencional. Me aburre y me asquea. Sucumbir a las obligaciones intolerables de la gente de mi edad -cuarentena- me produce náuseas. Así me va. No sé por qué cuento estas cosas, seguramente no tienen demasiado interés. Casi nada lo tiene para mí. Pero así me siento.

2 comentaris:

Dr.Krapp ha dit...

En el fondo tienes cierta intima satisfacción de ser como eres lo cual tampoco es malo ni tan siquiera extraño.

pesadillas con cuerpo ha dit...

Quizá sí, no me lo he parado a pensar.