dilluns, 7 de juny de 2010

Encender y apagar

Se encienda lo que se encienda [porque todo se enciende y se apaga]... el ordenador, la televisión, el móvil... se nota rápidamente la imbecilidad del mundo en el que uno se haya inmerso. No hace falta pensar demasiado [sólo un hilo de consciencia permite que se perciba la broma espantosa]. Estos aparatitos conectan a las personas directamente con la nada, una nada que llena las cabezas con un "vacío relleno" de tonterías, extenuante, que no es poco.

Se trata de una pesadilla (muy sofisticada y cambiante, eso sí) sin escapatoria. Pero parece que es la única salida para soportar la realidad, para evitar el contacto (visual, táctil...) con las personas y las cosas. Es el triunfo del asco por la especie humana.

Esta tendencia es la imperante y resulta irresistible: el aplastamiento virtual y abstracto lo devora todo.

Hay que intentar no volverse loco.

Como siempre, pensar de este modo parece ser lo desviado. Cabe recordar que existe una cohesión del pensamiento individual y social que lo ordena todo, por muy aberrantes e indigestos que sean los delirios que se quieran incrustar en nuestras maltrechas cabezas de manera progresiva. No importa: con el tiempo toda la imbecilidad emanada por los controladores / creadores de la ficción pasajera del momento nos parecerá razonable: ahí empieza la locura. Y no hay escapatoria.

Todo acaba siendo aplastantemente correcto y no hay marcha atrás.

En este contexto, hay que apagar la luz, cerrar los ojos y pensar.